Parashá Vayikrá (Y llamó): Reflexiones

“Y Él llamó…” (Vayikrá1:1)
Miguel Ángel podrá haber entendido mucho de escultura, pero de anatomía judía, no tenía mucha idea que digamos… Al esculpir a Moisés, ¡le hizo cuernitos! El problema de Miguel Ángel provino de una mala traducción de la palabra hebrea keren. Es verdad: keren significa “cuerno”, pero también significa “rayo de luz”.
Tal vez, el término “corona” del castellano, en el sentido de “halo radiante”, provenga de “keren”.
¿Cómo es que Moshé recibió sus “cuernitos”?
Al terminar de escribir la Torá, le quedó un poco de tinta en la pluma. Se pasó la pluma por la frente y las gotas de tinta hicieron rayos radiantes de luz. En el Cielo y la Tierra todo es preciso. Si Moshé recibió tinta para escribir la Torá, se le dio la cantidad de tinta necesaria para escribir la Torá, y ni una gota más. No se trata aquí de remanentes y descuentos de fin de temporada. Acá hablamos de la tinta de la eternidad.
¿Cómo es posible que le haya sobrado tinta a Moshé?
Si te fijas en un Séfer Torá, vas a ver que la primera palabra de Vayikrá (Levítico) está escrita de un modo inusual. La última letra de esa palabra, la alef de Vayikrá, está escrita mucho más pequeña que el resto de la palabra.
¿Por qué?
Cuando Hashem le dijo a Moshé que escribiera la palabra Vayikrá, “Y Él llamó…”, Moshé no quiso escribir esa última alef, porque sintió que esa letra le confería a él mucha importancia. ¿Cómo iba a escribir que Hashem lo llamo a él? ¿Quién era él, para que Hashem lo llamara? Un simple mortal. Moshé habría preferido escribir “Vaikar” “Y sucedió (que Él encontró a Moshé…)”, como si Hashem hubiera salido y se hubiera encontrado de pronto con Moshé; como si Él no hubiese hecho absolutamente ningún esfuerzo para aparecérsele.
A pesar de las protestas de Moshé, Hashem le dijo que escribiera “Vayikrá”, “Y él llamó”. Moshé puso una alef al final de la palabra, tal como Hashem le había encomendado, pero la escribió más pequeña.
¿Qué simboliza la alef pequeña?
La alef es la letra que representa la voluntad, el ego. Es la primera letra de la palabra “Yo”, Ani, en hebreo. Cuando una persona se ve a sí misma como una A grande, el Numero Uno, Le está usurpando la corona a Aquél que en verdad es Uno. Por el contrario, cuando el individuo se ve a sí mismo como una alef pequeña, está dejando lugar para que habite en él la Presencia Divina. No tiene la cabeza hinchada con el “algodón de azúcar” del egocentrismo.
Moshé fue el más humilde de todos los hombres. Moshé se hizo a sí mismo tan pero tan pequeño que apenas si estuvo en este mundo. No quiso ni siquiera ser una alef pequeña. Él como ningún otro hombre ni antes ni después, percibió que hay una sola Alef en toda la Creación, un solo Número Uno: Hashem. Moshé empequeñeció tanto su propia alef, su propio ego, que mereció que la Torá fue entregada por su intermedio.
¿Cómo consiguió los cuernitos?
La tinta sobrante que le quedó en la pluma debería haberse empleado para escribir una alef grande. Pero ahora se transformó en una corona de luz radiante que adornaba al más humilde de los hombres.
(Baal ha Turim, Midrash Tanjuma Ki Tisa 37, MiTaamim en Iturei Torá)
“Sin mácula…” (Vayikrá 1:3)
Una vez, el famoso actor de cine australiano, Peter Finch, señaló: “Cuando uno mueve una ceja en el cine, se mueve varios metros…”.
Nunca antes en la historia se puso tanto énfasis en la apariencia externa de las personas y de los objetos. Tanto si se trata del nuevo modelo de coche súper-ultra- moderno, como de la estilizada forma humana, producto de horas y horas de gimnasia y aerobics… En tanto que cultura, estamos obsesionados con el aspecto exterior de las cosas.
Oliver Cromwell tenía una verruga muy grande en la nariz. Quién sabe si se hubiera transformado en gobernante de Inglaterra si hubiera tenido que aparecer en la TV, en el programa periodístico de las nueve de la noche…
El medio se ha transformado en el mensaje. Lo externo pasó a ser lo interno. No es que el aspecto sea algo sin importancia. Todo depende del contexto. La Torá nos dice que el korbán del Mishkán y el Beit ha Mikdash debían ser “tamim”, sin mácula. Cuando el individuo traía un korbán, debía ser completamente sano.
Cuando el judío busca acercarse a Di-s, debe hacerlo con toda su fuerza y todas sus facultades. No se debe omitir ni abreviar nada. Su servicio también debe ser “sin macula”. La perfección del korbán era la expresión física de la perfección del corazón que busca acercarse a Su Creador.
(Rabí Shimshon Rafael Hirsch, Rabí Shlomo Yosef Zevin)
“Y cuando un alma ofrendare…” (Vayikrá 2:1)
Este mundo es un lugar muy preciso. Da la impresión de que en la Creación no existen cabos sueltos. Si uno se para al borde de un precipicio, lo único que lo separa de una muerte instantánea son unos cuantos centímetros. La embolia más ínfima de una vena puede poner fin al funcionamiento del cuerpo entero. Este mundo está construido en base a tolerancias muy pero muy finas. Y es por eso que la Torá también está construida en base a tolerancias muy finas. Cuando todas las letras del tefilín están escritas dentro de las normas halájicas correctas, al ponérselos uno se conecta con la Fuente. Pero si siquiera una sola letra está escrita en forma incorrecta, uno se ha puesto nada más que un par de cajas negras de aspecto extraño. Si encendieran una lámpara dos minutos antes de Shabat lo que producirían es llenar de luz la habitación. Enciéndanla dos minutos y un segundo más tarde y habrán hundido al mundo y a ustedes mismos en la oscuridad espiritual.
La Torá es tan precisa como una fórmula científica, lo cual nos dificulta entender por qué hay un área entera de la Torá que parece ser algo vaga: en la época del Templo Sagrado, cuando una persona traía un korbán nedavá, una ofrenda voluntaria, la Torá no estipula cuan grande o cuan pequeña debía ser. Eso se dejaba a criterio de la persona que traía la ofrenda.
Vayan a un hospital y fíjense como trabaja la gente. Los que corren más de un lado para otro y trabajan más que nadie son probablemente los voluntarios. Cuando damos lo que queremos dar, lo damos de todo corazón. Pero cuando nuestro regalo lo ordena otro, nos quita el entusiasmo. La esencia de la ofrenda voluntaria no era la ofrenda en sí, sino el amor que había envuelto dentro de ella. En el grado en que podamos expresarnos a nosotros mismos en nuestra entrega, en ese mismo grado será nuestra sensación de dar.
Los tzitzit (flecos de la vestimenta de cuatro esquinas) pueden entenderse como símbolos de esta relación simbiótica de la Torá y el Hombre. Parte de los tzizit están atados. Parte de la Torá es tan inamovible como cualquier ley del mundo físico: la gravedad, la termodinámica, el cálculo. Y parte de los tzitzit están desatados: la Torá dictamina que utilicemos cada pedacito de nuestra individualidad para servir al Creador. Yo no soy como tú. Tú no eres como yo. Di-s nos hizo a todos, y Él quiere que Lo sirvamos como las personas que somos, no como el otro. Precisamente, si uno se fija en los tzitzit, va a ver que la proporción correcta de la parte que va atada y la parte que va sin atar es de un tercio y dos tercios, respectivamente. La mayoría de este mundo consiste de los cabos sueltos de la Creación, a los que cada uno de nosotros está invitado a atar, cada uno a su manera.
(El Steipler, Rabí David Kaplan)
“Un aroma agradable a Hashem” (Vayikrá 1:9)
Cuando una persona presenta una ofrenda de elevación a Di-s, puede llevar tanto vacunos, como ovinos, pájaros o sémola. Tras cada una de estas categorías, la Torá emplea la frase “un aroma agradable a Hashem”. Obviamente, el ganado vacuno es más caro que el ovino, el cual es más caro que las aves, las cuales, a su vez, son más caras que la sémola. Si la Torá quisiese decirnos que para Di-s todas las ofrendas son iguales, ¿no habría bastado con decir que la sémola es “un aroma agradable a Hashem”, y entonces habríamos deducido en forma lógica que las aves, las ovejas y los vacunos también eran “un aroma agradable a Hashem”? La respuesta es que si la Torá hubiese dejado esta lección librada a una lógica a fortiori, podríamos haber, llegado a la conclusión errónea de que la sémola era “un aroma agradable a Hashem” y que las aves, mucho más; y que las ovejas eran todavía mas aceptables y que el ganado vacuno, eran los mas aceptables de todos. Por esa razón, la Torá escribe después de cada categoría “un aroma agradable a Hashem”, para enseñarnos que tanto si una ofrenda es grande o pequeña, Di-s las percibe en forma equitativa, siempre y cuando nuestra intención sea por amor a Di-s.
(Or HaJaim, Rabí Mordejai Perelman)

Parshat Vaikrá. Shabat 3 de Nisan 5769 (28/03/2009)

El Libro de Vaikrá, conocido también como Torat Kohanim, “Levítico” trata acerca de los derechos y obligaciones de los Levitas y Sacerdotes, los guías espirituales del Pueblo de Israel.
Parshat Vaikrá nos detalla los cinco principales Korbanot (sacrificios) que podían ser ofrecidos por una persona:
1) Olá: ofrenda consumida por el fuego en el mizbéaj (altar).
2) Minjá: lealtad-obsequio.
3) Shelamim: ofrenda de paz. Un medio de expresar agradecimiento a Di-sen ocasiones de regocijo.
4) Jatat: ofrenda por pecado. Una expiación por ciertos pecados cometidosin intención por un individuo, incluso el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote),el rey y el Sanedrín (Suprema Corte) en su totalidad.
a) Korbán olé veiored: un tipo especial de ofrenda por pecado que varíade acuerdo con la riqueza del pecador. Es requerido para las siguientestransgresiones:
– Jurar en falso.
– Entrar en el Beit Hamikdash o comer Kodashim mientras se está enestado de tumá (impureza).
– Dejar sin cumplir una promesa.
5) Asham: ofrenda por una culpa. Ofrecida como parte de la penitenciarequerida por ciertos actos impropios, tales como:
a) uso no intencional de propiedad apartada para Hashem (Kodashim)
b) retención de propiedad ajena por un falso juramente.
En cada caso el pecador luego de confesar su culpa, debía restaurarprimero la propiedad, más un adicional de un quinto de su valor, alverdadero dueño, antes de que pudiera ofrecer el sacrificio y recibir elperdón divino por su pecado.
Es de destacar que la letra alef(primera letra del alfabeto hebreo) de la palabra Vaikrá (Levítico) es de menor tamaño que el resto de las letras. Y al igual que todas y cada una de las características de la Torá, eso no es casual ni aleatorio, sino tiene su profundo sentido. Durante muchas generaciones, los maestros de niños judíos solían iniciar a sus alumnos al estudio de la Torá a partir del Libro de Vaikrá. Porque ellos, puros por su sola condición de niños, eran los más indicados para estudiar los temas de pureza representados en las normas de las ofrendas y sacrificios. Y por eso la alef de Vaikrá es de menor tamaño, indicando que este es el punto de partida para la iniciación de los más pequeños.
El Libro de Vaikrá
Puede dividirse en diversas secciones:
La primera (caps. 1-7) establece las formalidades relativas a las distintas clases de ofrendas o sacrificios.
La segunda parte (caps. 8-10) se refiere a la ordenación de los Sacerdotes, y se menciona también las vestimentas Sagradas, expresión física del status tan especial de estos servidores de Hashem.
La tercera parte (caps. 11-16) trata acerca de los conceptos de pureza e impureza.
La cuarta parte (caps. 17-25) trata de diversas normas relativas al servicio. Pero lo que sobresale en esta parte son las normas tendientes a darle a la vida un sentido más puro y ético.
La quinta parte (caps. 26-27) incluye bendiciones y maldiciones