Parashá Shavua: Pekudé. Shabat Shekalim. 29 Adar 5771 (5 Marzo 2011)

Nuestra parashá habla sobre los siguientes temas:

Primera aliá (35:1-29): La observancia del shabat. Moshé le ordena al pueblo la construcción del Mishkán (Santuario). Las ofrendas del pueblo de Israel.

Segunda aliá (35:30 – 37:16): Los constructores del Mishkán. La construcción del Mishkán. La construcción del arca. La construcción de la mesa.

Tercera aliá (37:17-29): La construcción del candelabro. La construcción del altar del incienso.

Cuarta aliá (38:1 – 39:1): La construcción del altar de los sacrificios. La construcción del kior (lugar de lavado). La construcción del patio del Mishkán. Los cómputos de los materiales utilizados en la construcción del Mishkán.

Quinta aliá (39:2-21): La confección del efod. La confección del jóshen.

Sexta aliá (39:22-43): La confección del manto. La confección de las túnicas y otros elementos. La confección del tzitz. La bendición de Moshé.

Séptima aliá (40:1-38): La orden de la inauguración del Mishkán. La erección del Mishkán. La nube y los desplazamientos.

Comentario de la Parashá

Algunos años se lee en la Torá las últimas dos parashot del libro de Shemot juntas, en un mismo shabat. Ellas son: Vaiakhel y Pekudé. Esto se debe al hecho de que toda la Torá está dividida en 54 parashot mientras que en el año hay generalmente menos de esa cantidad de sábados por un lado, además de que a veces las fiestas caen un día sábado, y en ese caso no se lee de la Torá la parashá que correspondería, de acuerdo con el orden de las parashot, sino que es reemplazada por una lectura especial relacionada con el tema de la fiesta, posponiéndose la parashá semanal.

Entre otras importantes enseñanzas, de esta parashá podemos aprender acerca de la importancia suprema que nuestra Sagrada Torá le confiere a la mujer. La Torá nos indica acerca de lo bien encaminado que debe ser su comportamiento, además de lo cuidadosamente pensada que debe ser su función sobre la faz de la tierra.

Después de que en las parashot anteriores la Torá relató la orden de la construcción del Mishkán con todos sus elementos y detalles, en Vaiakhel y Pekudé, la Torá describe cómo el pueblo de Israel cumplió al pie de la letra la orden Divina.

Uno de los elementos que debía contener el Mishkán era el kior. En la parashá pasada – parashat Ki Tisá – vimos que D’os le ordenó a Moshé construir un kior que debería ser de cobre y también debería tener una base hecha de cobre (30:17-21). El comentarista Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki 1040 – 1105) nos explica que el kior era una especie de tanque que tenía algo así como canillas o grifos. De él, los cohanim (sacerdotes) deberían tomar el agua necesaria para lavar sus manos y sus pies, purificándose antes de servir en el Mishkán.

En nuestra parashá (Vaiakhel), la Torá nos relata cómo fue hecho el kior. Todos los elementos del Mishkán – incluyendo las ropas de los cohanim – fueron construidos o confeccionados con las donaciones de los hijos de Israel, sin embargo el kior fue construido con materiales especiales que no provinieron de una donación común del pueblo. Dice la Torá:

“E hizo el kior de cobre y su base de cobre, de los espejos de las que se reúnen, que se reunieron a la entrada de la Tienda de Reunión” (38:8).

La Torá nos dice que el kior y su base fueron hechos “bemarot hatzoveot asher tzaveú pétaj Óhel Moed”. El Óhel Moed era la Tienda de Reunión, lo que generalmente llamamos el Mishkán, es decir el Santuario; ¿pero qué significa la raíz hebrea compuesta por las letras “tzadi”, “bet” y “álef”, que forman las palabras tzóveot y tzaveú?

De los principales Sabios de la Torá – como ser Rabenu Saadiá Gaón (884 – 942) en su traducción de la Torá al árabe, Rashí, y Radak (Rabí David Kimji, 1160 – 1235) en su libro “Séfer Hasharashim”, entre muchos otros – se entiende que esta raíz significa “reunirse o congregarse con un objetivo” y es por eso que tradujimos este pasuk (versículo) como: “de los espejos de las que se reúnen, que se reunieron a la entrada de la Tienda de Reunión”. Y es por eso que de esta raíz proviene la palabra “tzavá” que significaría: “personas reunidas para la guerra”, o en una sola palabra: “ejército”.

En general, respecto del resto de los elementos del Mishkán, la Torá no detalla quién donó la materia prima para su construcción, y a pesar de que ya entendimos lo que significa nuestro pasuk, todavía no comprendimos por qué la Torá detalla que el cobre para la elaboración del kior fue tomado de la fundición de los espejos que donaron aquellas mujeres que se reunieron en la entrada de la Tienda de Reunión. Pero el midrash Tanjumá (citado por Rashí) interpretando la palabra tenufá (que literalmente significa “ofrenda”), nos explica un poco más en detalle la cuestión:

“‘Estos son los cómputos del Mishkán…’ (38:21), ‘Y el cobre de la tenufá (ofrenda)…’ (38:29) – ‘Y el cobre de las esposas’ – pues en griego, ‘esposa’ se dice ‘ninfi’. [Según el midrash, la palabra tenufá (ofrenda) se puede interpretar a través del vocablo griego ninfi (esposa), que proviene de la misma raíz que la palabra tenufá].

Cuando el pueblo de Israel estaba sometido a trabajos forzados en Egipto, el Faraón decretó sobre ellos que no duerman en sus casas, para que no cohabiten con sus esposas. Dijo Rabí Shimón Bar Jalaftá: ¿Qué hacían las hijas de Israel? Cuando ellas descendían para extraer agua del río, D’os hacía que pequeños peces se introduzcan en sus vasijas, y ellas los vendían y los cocinaban, y con ellos compraban vino, e iban al campo y les daban de comer a sus maridos allí… Después de que comían y bebían, tomaban los espejos y se miraban en ellos junto con sus maridos. Ella decía: ‘soy más linda que tú’ y él decía: ‘yo soy más lindo que tú’, y así se despertaba el deseo y cohabitaban, y D’os hacía que se embaracen inmediatamente…”.

Gracias a esto, el número de los hijos de Israel se incrementó rápida y milagrosamente, hasta tal punto que la Torá dice: “Y los hijos de Israel fructificaron y proliferaron, aumentaron y se incrementaron mucho, mucho; y se llenó la tierra de ellos” (Shemot -Éxodo- 1:7).

Sigue diciendo nuestro midrash:

“…Y todas estas cifras gracias a los espejos… Gracias a aquellos espejos mediante los que se miraban con sus maridos y despertaban su deseo que estaba adormecido a causa de los trabajos forzados, dieron a luz todos esos ejércitos, [como dice la Torá]: ‘…y fue en este día que salieron todos los ejércitos de D’os de la tierra de Egipto’ (Shemot 12:41), [¿a quién se refiere el versículo al decir que los ‘ejércitos de D’os’ salieron de Egipto?], dice ahí: ‘Y fue en este día que sacó D’os a los hijos de Israel de la tierra de Egipto de acuerdo con sus ejércitos’ (Shemot 12:51) [es decir que se refiere a los hijos de Israel].

Cuando D’os le ordenó a Moshé hacer el Mishkán, todo el pueblo de Israel trajo sus donaciones. Hay quienes donaron plata, y hay quienes donaron oro o cobre o piedras preciosas, ellos prontamente trajeron todo. Dijeron las mujeres: ¿Qué podemos nosotras dar como donación para el Mishkán? Y trajeron los espejos a Moshé. Cuando vió Moshé esos espejos se enojó con ellas… [Rashí explica que el motivo de su enojo fue que los espejos están hechos para el iétzer hará (impulso del mal)] Le dijo el Santo – bendito es Él – a Moshé: Moshé… estos espejos fueron los que provocaron que hayan habido todos estos ejércitos en Egipto. Tómalos y haz de ellos el kior de cobre y su base, para los sacerdotes, para que a través de él se santifiquen los sacerdotes, como está escrito: ‘E hizo el kior de cobre y su base de cobre, de los espejos de las tzoveot…’ que hicieron ejércitos mediante esos espejos [tzavá – ejército]. Y es por eso que dice: ‘Y el cobre de la tenufá (ofrenda)…’ (38:29), esto se refiere al cobre de las esposas”.

Por el mérito de mujeres justas y piadosas es que fuimos redimidos de la tierra de Egipto. Los hombres de aquella generación habían perdido las esperanzas acerca de un futuro mejor a causa de la esclavitud. Sin embargo, por el lado de las mujeres esto no era así. Ellas elevaron su corazón al cielo y no dejaron que sus se desmoronen bajo la pesadez de los ladrillos de las pirámides egipcias.

Por un lado, ellas deseaban que la familia – base y pilar indiscutible de la vida judía – continúe desarrollando su importante función, y por otro lado – a diferencia de los hombres – ellas entendieron que sin ningún lugar a dudas, la continuidad del pueblo de Israel dependía de las futuras generaciones. (Véase también el Midrash citado por Rashí al comienzo del capítulo 2 del libro de Shemot).

Pero no solamente en aquella generación es que las mujeres del pueblo de Israel fueron consideradas de una manera tan distinguida. A lo largo de todo el Tanaj (Biblia) encontramos a muchas mujeres desempeñando roles de juezas o de profetizas o de matriarcas o de dirigentes del pueblo de Israel. También es conocida la expresión del gran sabio de la Mishná, Rabí Akivá, al decirle a sus alumnos que toda la Torá que él pudo estudiar y transmitir, fue gracias a los méritos de su esposa.

Pero no debemos olvidarnos de un importante detalle. Este midrash nos enseña que las mujeres del pueblo utilizaron todos los elementos que tenían a su alcance para lograr su objetivo. Ellas no utilizaron la belleza y la seducción con las que el Creador las dotó, de una manera errónea y prohibida de acuerdo al camino de nuestra Sagrada Torá. (Sólo una de ellas se alejó de su pueblo uniéndose con un hombre egipcio!). Ellas supieron mantenerse en el camino del bien sirviéndolo a D’os con todo su cuerpo y con toda su alma, con pureza de corazón y fe en el obrar.

Para finalizar, citaremos el final del midrash recordado anteriormente:

“Dijo el Santo – bendito es Él: En este mundo ustedes donaron para el Mishkán que expía por ustedes, y [es por eso que] en el futuro por venir Yo expiaré por ustedes y los amaré a ustedes gratuitamente, como está escrito: ‘Yo aceptaré su retorno y los amaré gratuitamente…’ (Oshea -Oseas- 14:5). Dijeron [los hijos de Israel]: No tenemos Mishkán ni Templo. Que sea considerada delante de Ti la plegaria de nuestra boca, como la donación del Mishkán, como dijo David: ‘Las donaciones de mi boca acepta, por favor, D’os…’ (Tehilim -Salmos- 119:109)” (Tanjumá Pekudé, 9).

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SHABAT SHEKALIM

Esta semana se lee la primera de las cuatro perashiot especiales del período anterior a Pésaj. Se llama Perashat Shekalim porque el maftir (regularmente la repetición de los últimos versículos de la sección o perashá leída), es un párrafo de Perashat Ki Tisá, que trata sobre la obligación de todo varón de Israel de ofrendar medio shekel para el Santuario.

Cuando el Sagrado Templo estaba en pie, tanto el Primer Templo como el Segundo, y también el Santuario o Mishkán construido en el desierto, existió la mitzvá positiva por parte de cada judío, de contribuir con medio shekel una vez por año para la compra de las ofrendas comunitarias que debían traerse al Templo, con fecha límite hasta Rosh Jódesh Nisán (comienzo del mes de Nisan).

Por lo tanto en Rosh Jódesh Nisán se hacía una proclama pública ante todo el pueblo, para que trajeran su medio shekel en término. No obstante eso, quince días antes, o sea el 15 de Adar (Purim en las ciudades amuralladas), los recolectores solían sentarse en cada ciudad solicitando el adelanto voluntario del medio shekel. Los rabinos fueron aún más lejos, y establecieron la lectura pública de Perashat Shekalim en el Shabat anterior a Rosh Jódesh Adar, a modo de llamado a fin de recordarles que trajeran el medio shekel a tiempo.

Hoy día, aun cuando el Templo no haya sido (todavía) reconstruido ni se colecte para las ofrendas comunitarias, el concepto del medio shekel sigue siendo relevante para nosotros. Dicen nuestros Sabios que es la barrera para defendernos del Amalek que amenaza en cada época, barrera que Hamán trató de vencer en el reino medo-persa de 2300 años atrás, cuando intentó exterminar al pueblo judío. Este perverso ministro le ofreció al rey Ajashverosh (Asuero) la suma de diez mil kikar kesef (monedas de plata) para ser autorizado a matar a los judíos. ¿Y a cuanto dinero esto equivalía? Pues al medio shekel por varón mayor de veinte años aportado por todos los judíos, allí en su travesía por el desierto (y luego en Jerusalem). Eso los hizo acreedores a la salvación Divina. Pero Hamán no lo sabía; no contaba con ese medio shekel que cada judío había dado y al cual el Talmud se refiere como “la cura antes de la enfermedad”.

A medida que aprendemos la historia de Purim, es posible para cada uno de nosotros encontrar fuerzas para vencer a Amalek, la personificación de la negación y de la falta de fe en el Todopoderoso, y así rescatar la luz Divina que disipa la aparente oscuridad de un mundo en el que D-s oculta Su rostro. Fue por el mérito de ese medio shekel que se revirtió el edicto de Hamán contra los judíos; porque la naturaleza inherente del medio shekel es capacitarnos y darnos la comprensión necesaria para contraatacar a Hamán…

También simboliza la unidad de “Ish Ejad Belev Ejad” (expresión usada para describir la unidad del pueblo de Israel cuando acampó en el Monte Sinai: “como un solo hombre con un solo corazón”); ese mismo pueblo al cual tanto trató Hamán de desunir y destruir. Como afirman nuestros Sabios, cuando cada judío, rico o pobre, aporta su medio shekel (contribuye al erario de su comunidad), su acto sirve para enfatizar el hecho de que él forma parte de un todo”..

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