Felicitación Pesaj 5772

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Egipto, Irán y el Milagro de Pesaj

Sentados en el Seder este año, es comprensible que nosotros los judíos de hoy tengamos más en nuestras mentes que los antiguos egipcios. Hoy en día tenemos buenas razones para estar nerviosos una vez más por nuestra supervivencia.
Uno de nuestros enemigos declarados, que ha dejado en claro su intención de destruirnos, está en camino a tener la capacidad nuclear necesaria para materializar su amenaza. A pesar de los innumerables esfuerzos diplomáticos, las sanciones y la presión política puesta sobre el liderazgo de Irán, nada parece persuadirlos de llevar a cabo su versión propia de la “solución final”.
Así como el Faraón, Ahmadinejad representa el peligro más grave, cuyo objetivo no es solamente dañar, sino destruir por completo al pueblo judío. Y así como el Faraón, el crimen de Ahmadinejad es tan inconcebible que Dios promete evitar que ocurra.

Déjenme explicar.
En la historia de Pesaj, los judíos estuvieron en Egipto por 210 años. Ellos sufrieron durante la mayoría de este tiempo. Varias generaciones fueron esclavizadas. ¿Qué fue lo que finalmente provocó que Dios designara a Moisés y comenzara el proceso de la redención? ¿Cuál fue la gota que rebalsó el vaso?
La respuesta fue revelada simbólicamente a Moisés en su primer encuentro dramático con Dios en la Zarza Ardiente.
Una lectura simple de la historia nos dice que mientras atendía a sus ovejas en el desierto de Sinaí, Moisés repentinamente vio una zarza que estaba envuelta en llamas. Sin embargo extrañamente, a pesar de que la zarza estaba ardiendo, no se consumía. Eso desafiaba las leyes de la naturaleza. El fuego siempre destruye. Moisés no podía entender.
En este mismo momento, mientras Moisés se quedó paralizado por el milagro ante sus ojos, Dios se reveló y proclamó, “Yo soy el Dios de tus padres”.
Superficialmente, la historia parece decirnos que Dios realizó este maravilloso acto para impresionar a Moisés antes de pedirle que asumiera el liderazgo. Dios escogió esta señal para que Moisés comprendiera el significado del poder Divino. Pero aquí surge una pregunta. ¿No podía Dios haber realizado otro milagro incluso más sorprendente, más convincente, más indicativo de su control sobre todo el mundo en vez de una zarza en el desierto?
Los comentaristas rabínicos proveen una hermosa respuesta. Dios no estaba solamente realizando un milagro; Él estaba enviando un mensaje. Dios sabía lo que Moisés estaba pensando. Desde el momento en que huyó de Egipto y vio a sus hermanos sufriendo bajo la brutal opresión del Faraón, Moisés se preocupó y se preguntó: ¿Acaso mi pueblo está vivo aún? Y entonces la primera cosa que Dios hizo fue tranquilizar a Moisés, no sólo momentáneamente, sino también a futuro.
La zarza simbolizaba al pueblo judío. La zarza ardía, pero, en contra de todas las leyes de la naturaleza, no se consumía. Así también, el pueblo judío, en contra de todas las leyes de la historia, nunca perecerá. Esa fue la promesa Divina implícita en el primer mensaje que Dios le dio a Moisés al comienzo de su liderazgo.
Promesa Eterna

El milagro de la Zarza Ardiente fue la representación grafica del milagro de la supervivencia judía. Cuando Arnold Toynbee completó The Study of History (El Estudio de la Historia), su clásico análisis de 10 volúmenes de extensión acerca del nacimiento y la caída de las civilizaciones humanas, él estaba perturbado por una aparente refutación de sus reglas universales que gobernaban el inexorable descenso de cada pueblo en la Tierra. Solamente los judíos habían sobrevivido, desafiando el cuidadoso y racional análisis de Toynbee. Así que Toynbee proclamó a los judíos nada más que un “residuo remanente”, un pueblo destinado a expirar prontamente.
Pero de alguna manera, a pesar de todos los brutales intentos por destruirnos, los judíos han personificado el constante milagro de la Zarza Ardiente.
La historia judía desafía la lógica. Se cuenta que cuando el rey Luís XIV le preguntó a su filósofo residente, Pascal, si creía en milagros, Pascal le respondió que sí.
Sorprendido, el rey exigió, “Dame un ejemplo de un milagro que justifique tu creencia”.
“Los judíos, su majestad. La supervivencia de los judíos – eso ciertamente es un milagro”.
La razón de este milagro es la promesa Divina hecha hace mucho tiempo a nuestros patriarcas, Abraham, Isaac y Yaakov. Una promesa que le aseguró a nuestros ancestros que sus descendientes nunca perecerían; que su rol en la historia de ser “una luz para las naciones” permanecería vigente hasta el cumplimiento del sueño mesiánico.
Y eso explica porqué Dios escogió aquel particular momento para que Moisés comenzara el milagro de la redención nacional de Egipto. Cuando los planes del Faraón pasaron de opresión a exterminación, la salvación de Dios fue innegable e inevitable.
Tan pronto como Hamán determinó asesinar a todos los judíos – hombres, mujeres y niños – el milagro de Purim fue una conclusión decidida y Hamán fue condenado a ser colgado en la horca. La desaparición de los judíos del escenario del mundo tenía que ser prevenida, sin importar cuan improbables fueran las muchas coincidencias requeridas para traer la Divinamente deseada conclusión.
Respondiendo al Peligro
Mientras nos preparamos para celebrar Pesaj, y mientras nos enfrentamos nuevamente a una figura similar al Faraón que busca destruirnos, debemos recordar dos cosas cruciales: Por un lado, todos aquellos que buscan destruirnos provocan la misma cólera Divina que cayó sobre los egipcios que perecieron en el Mar Rojo. Pero por otro lado, debemos asegurarle a Dios que merecemos Su intervención.
De ninguna manera quiero minimizar el peligro de la situación actual. Sin embargo, cuando somos amenazados, nuestra respuesta siempre debe ser el tradicional acercamiento triple de arrepentimiento, rezo y caridad. Los “Hamanes” de la historia pueden estar condenados a la destrucción Divina, pero aún así debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para mitigar los resultados de su maldad, fortaleciendo nuestro compromiso con Dios y con la Torá.
Podemos estar confiados de que Dios no nos abandonará; Él garantiza nuestra supervivencia colectiva. Pero individualmente, la amenaza existencial es muy real. Hay una razón genuina para sentir temor, un temor alarmante que debiera despertarnos e incitar sincera teshuvá.
Este Pesaj, mientras nuestra alegría es atenuada por las siniestras advertencias de los vecinos de Israel, obtengamos esperanza (no apatía) de las palabras de un famoso autor quien, aunque no es judío, comprendió bien el mensaje de la Zarza Ardiente. Leo Nikolayevich Tolstoy, un cristiano más conocido por su libro War and Peace (Guerra y Paz), escribió en 1908:
El judío es el emblema de la eternidad. Aquel a quien ni las matanzas ni las torturas de miles de años han podido destruir; aquel a quien ni el fuego ni la espada ni la inquisición pudieron borrar de la faz de la tierra; aquel que fue el primero en producir los oráculos de Dios; aquel que ha sido por tanto tiempo el guardián de la profecía y quien la transmitió al resto del mundo. Una nación así no puede ser destruida. El judío es tan imperecedero como la eternidad misma.

PESAJ KASHER VESAMEAJ LEKULAM

Definiciones y símbolos del Seder de Pesaj

La palabra “Seder”, tiene el siguiente significado: Orden y Método. Recibe ese nombre debido a que hay un orden prescrito y dedicado a la observancia de dicho ritual en las dos primeras noches de Pesaj.
1. Matzot
Pan sin levadura; sólo contiene harina y agua. También llamado “pan de tribulación” refiriéndose así al pan que nuestra gente comió en la tierra de Egipto durante la esclavitud. Cabe notar que la mitzva de comer Matzot es obligatoria solamente los dos primeros días de Pesaj y en los días siguientes es optativo, sin olvidar que uno debe abstenerse de comer Jametz durante los ocho días de Pesaj. Se debe colocar un plato con tres Matzot. Durante el comienzo del Seder, tomamos las tres Matzot, agarramos la matza del medio y realizamos el Iajatz (partición de la Matza). Una parte se esconde para el Afikomán y la otra parte lo conservamos entre las dos Matzot completas.
2. Maror
Hierbas amargas; nos recuerda el tiempo en que nuestro pueblo estaba bajo el cautiverio egipcio, amargado por el trabajo pesado con arcilla, ladrillos y con todo tipo de faenas en los campos.
3. Vino
Durante el Seder toda persona que participa en él, debe beber cuatro vasos de vino. El número cuatro simboliza las cuatro expresiones de redención que Hashem uso cuando mandó a Moisés a liberar nuestro pueblo de Egipto: “Por lo tanto diles a los hijos de Israel: “Yo soy el Eterno y los libraré de los trabajos forzados en Egipto y los salvaré de la servidumbre y los redimiré con brazo extendido y con grandes castigos. Y los tomaré como pueblo Mío. (Shemot 6:6). Se usa vino porque éste es un símbolo de júbilo y felicidad.
4. Zeroah: Hueso de ave asado
El hueso simboliza el cordero de Pesaj que fue sacrificado el 14 de Nisán durante el tiempo del “Beit Hamikdash” (el Templo sagrado de Jerusalén). En las dos noches del Seder no se comerá ningún otro tipo de carne asada. Esto está prohibido porque no podemos atribuir importancia de sacrificio a esta carne asada e imaginar que estamos comiendo una ofrenda de Pesaj, sólo reservada para el tiempo en que teníamos el “Beit Hamikdash”
5. Karpás
Verduras que pueden ser usadas como Karpás: apio, cebollas, rábanos. Se untan estas verduras “Karpás”, en agua salada y se comen anticipadamente solo para despertar la curiosidad de los niños. El padre tendrá entonces la oportunidad de explicar el significado de esta noche, con todos los detalles de la salida de Egipto. El agua salada se usa para sumergir el Karpás como señal de que gozamos de libertad. Esto tiene su explicación en el hecho de que la comida que se preparaba en Egipto no contenía sal. Según algunos sabios, el agua salada, también simboliza las lágrimas que lloraron los israelitas al estar sometidos a las tareas más denigrantes en Egipto.
6. Huevo duro.
El huevo duro simboliza el “Jaguigá” (ofrenda de fiesta), esto se ofrecía aparte del cordero Pascual sacrificado durante la fiesta de Pesaj en la época del “Beit Hamikdash”.
7. Jaroset
El Jaroset es una pasta de nueces molidas, manzana rayada y vino. Esta pasta es un símbolo de esclavitud. La mezcla se asemeja a la arcilla con que trabajaron nuestros antepasados durante su cautiverio en Egipto.
8. Copa de Eliahu Hanaví
Tiene su origen en una controversia talmúdica sobre si se debe servir cuatro o cinco copas en el Seder. Por lo tanto, llenamos una quinta copa pero no la bebemos y la denominamos “la copa de Eliahu”, remitiendo así a la aparición del profeta, dando su juicio al respecto. Para simbolizar la venida de Eliahu, todos nos levantamos.
9. Afikoman
En los días del “Beit Hamikdash” el cordero de Pesaj era comido al concluir la cena Pascual, y estaba prohibido comer cualquier otra cosa después. Hoy en día, al afikomán, significa “sobremesa” reemplaza al sacrificio Pascual original. Se ha hecho costumbre que los niños “se apoderen” del “Afikomán” y pidan un regalo a cambio de devolverlo. Esta costumbre fue introducida para avivar el término del Seder y hacer que los niños estén despiertos hasta el final.

Felicitación

KETER LE ISRAEL quiere desear a todo el AM ISRAEL en general y a sus amigos y seguidores en particular UN BUEN FINAL Y UNA BUENA SALIDA DE PASCUA y que B.H. el próximo año nos encontremos en Yerusalaim Habenuyá (Jerusalem Recosntruida) con la venida del Mashiaj. Amen

SHEVII SHEL PESAJ

Siete días después de la salida de Egipto, el pueblo judío, milagrosamente, cruzó el Iam Suf, mientras éste les abría paso separando sus aguas y dejando un cruce de tierra seca y firme.
En el día en que hoy festejamos Shevií shel Pesaj -séptimo día de Pesaj- había recién transcurrido una semana desde que el pueblo judío abandonara la tierra de Egipto.
Los judíos, esclavos liberados tras 210 años de duro cautiverio, salían hacia la libertad merced al poderoso brazo Divino, después de una sucesión de hechos que hasta para el pagano egipcio fueron una demostración de la existencia de un Di-s superior, invisible.
Los judíos avanzaban con “mano alta”, se acercaban al Iam Suf y los ejércitos faraónicos los perseguían de cerca.
Llegaron hasta el mar y éste les cortaba el paso.
Las circunstancias eran extremadamente complejas. Por un lado, hacia atrás estaba Egipto. Hacia los costados el único horizonte era el desierto. Y hacia adelante, el Mar con sus turbulentas aguas.
Fue entonces cuando se produjo el gran milagro.
Las aguas se separaron, dejando pasar a los judíos.
Cuando sus perseguidores se hicieron a la Mar tras ellos, las aguas se cerraron, tragando al ejército egipcio
EL AGUA SE SECÓ COMPLETAMENTE
En la Hagadá de Pesaj alabamos a Di-s por los milagros que nos realizó en la salida de Egipto. Entre las alabanzas decimos: “Cuántos niveles de favor nos ha concedido el Omnipresente”. Una de ellas dice: “Si hubiera partido el mar para nosotros y no nos hubiera hecho pasar por él en seco -Daieinu- hubiera sido suficiente!”. Nos explica sobre esto el Abudraham, que aquí agradecemos a Di-s haber cruzado el mar por un camino totalmente seco, sin haber siquiera residuos de agua y barro. Sin duda hubiera sido suficiente partir para nosotros el mar, aunque hubiera quedado allí algo de lodo.
Se plantea el interrogante: ¿Acaso este tipo de favor fue tan importante como para nombrarlo entre estas alabanzas, que incluyen la partición del mar, la entrega de la Torá, la entrada a la Tierra de Israel o la construcción del Beit Hamikdash? ¿Qué hay de extraordinario en que Di-s nos haya evitado pisar el barro?
DESPUÉS DE LA PLEGARIA
Esto se comprenderá de acuerdo al significado místico de Kriat Iam Suf, la partición del mar. Una de las diferencia entre el mar y sequedad consiste en que en la superficie todo está revelado y al descubierto, mientras que el mar cubre y oculta lo que hay dentro de él.
“Mar” en un sentido más amplio representa a los “mundos supremos espirituales”que permanecen ocultos ante nuestros ojos y captación. Y esa es la esencia mística de la partición del mar: se rompió el ocultamiento y quedaron al descubierto los mundos superiores. Por eso todos mostraron con el dedo y proclamaron “Este es mi Di-s” y lo que vio una esclava de Divinidad en el cruce del mar no lo vio siquiera Ezequiel, el grande entre los profetas.
También en el servicio a Di-s del hombre, existe el proceso de Kriat Iam Suf. Cuando reza, la persona se encuentra en un estado de subordinación y nulidad frente a Di-s. La Luz Divina brilla en su alma. Pero luego, cuando se dedica a los asuntos mundanos, este sentimiento queda oculto y gana espacio el ego. Es necesaria entonces “la partición del mar”- que la Verdad Divina que esta oculta en su fuero interior irradie en su persona a lo largo de todo el día
LA FUERZA FUE ENTREGADA
En esto consiste la alabanza a Di-s de “nos hizo cruzar por el mar en lo seco” y no quedo nada de barro y lodo. La permanencia del lodo implica que queda aún un poco de agua; que tapa sobre el fuero interior. Es decir, queda un “ocultamiento”. Aunque sea que se trata de una medida mínima, pues en su mayoría logramos que nuestra Divinidad interior nos ilumine también en “lo seco”- lo mundano y terrenal. En lo que hace a nuestra conducta brille la Luz Divina durante todo el día, solo que en lo que hace a nuestros sentimientos internos puede perdurar el ego frente a Di-s.
Este es el gran favor que Hashem nos hizo partiendo el mar sin que quede nada de lodo. Nos dio la fuerza de anular totalmente el mal interior. En la revelación Divina que tuvo lugar durante Kriat Iam Suf nos prodigó de fuerza -para todas las generaciones- para lograr una conciencia plena de “coloco frente a mí a Di-s siempre” de manera tal que todos los aspectos de nuestra vida terrenal se vean como nulos frente a la presencia de Di-s. (Likutei Sijot, tomo 3, Pág. 1016).

YO CREO… YO ESPERO!!!

“Usted está esperando algo importante – una carta, un paquete, información para incluir en un reporte, y tiene la certeza que ya debe estar llegando. La fecha tope se está aproximando. Cada persona que pasa por la puerta puede ser el mensajero. El cartero adquiere una nueva importancia. Usted está esperando y esperando”.
¿Le sucedió alguna vez lo antedicho? O quizás recuerde la espera de la nueva heladera en reemplazo de la rota en medio de un clima caluroso… los resultados de un diagnóstico médico… novedades acerca de promociones… despidos… el arribo inminente de un bebé.
Los judíos saben esperar. Uno de los trece principios fundamentales de la fe Judía como los formula Maimónides dice: “Yo creo con fe completa en la venida del Mashíaj, y aunque pueda demorarse, de todas maneras, lo espero cada día”.
Esta es sólo una “hermosa creencia”- según nuestra generación de Judíos. La mayoría – al menos intelectual – tiene más fe en una guerra nuclear global, sin sobrevivientes, que la que tienen en la era Mesiánica. Mas en realidad esta creencia en el Mashíaj ha permanecido con nosotros por milenios.
Cada día, deberíamos estar esperando el arribo del Mashíaj, más de lo que impacientemente aguardamos algún ítem o evento. Pero, ¿por qué no lo hacemos?
Shh…, existe aquí un secreto. Muchos de nosotros, antes de haber escuchado o leído que los judíos creen “con completa fe en la venida del Mashíaj”, conocíamos perfectamente sobre culturas y creencias no judías.
Tanto lo hemos asimilado que, cuando finalmente estudiamos sobre el Mashíaj, el Mundo por Venir, La resurrección de los muertos – desde un auténtico punto de vista judío – ya están arraigadas en nuestras mentes términos y conceptos erróneos y foráneos. Por eso el concepto de una nueva era, no sectarista, o un ultimátum de guerra para destruir el planeta parecen ser más reales que “una época de paz en el mundo y completo desarme, cuando cada uno creerá en Di-s, cuando el lobo vivirá con el cordero”.
Entonces, ¿cuál es la solución?.¿Cómo empezar a creer en el Mashíaj, y esperar ansiosamente su llegada cada día?
Simplemente comenzando: leyendo, discutiendo, pensando, preguntando. Admitiendo tener una cabeza lo suficientemente abierta como para darse cuenta de que el Mashíaj es posible. Nuestros Sabios dijeron que, cuando comenzamos a cumplir una Mitzvá, incluso si al principio nuestras intenciones no son las estrictas, finalmente llegaremos a observarlas correctamente. Esto es aplicable pues, a nuestra fe en la llegada del Mashíaj también. Espérelo YA!!!
SEUDAT MASHIAJ
El octavo día de Pesaj está estrechamente ligado a la venida del Mashíaj. La Haftará -lectura de los Profetas que sucede a la Lectura de la Torá en los días Shabat y Festivos-, ocupada con lo que debería ser la temática central de ella, es (Isaías 10:32), que se halla repleta de alusiones directas y claras a la Era Mesiánica, cuando “el lobo vivirá con el cordero, y el león comerá pasto con el ganado” – fenómenos que según las leyes naturales vigentes son imposibles.
Hace alrededor de doscientos cincuenta años, cuando la llegada del Mashíaj comienza a estar más próxima, el Baal Shem Tov – Fundador del Movimiento Jasídico – enseñó y reveló que en el último día de Pesaj “brilla una luz del Mashíaj” en el mundo. Por ello también instauró una costumbre que enfatizaba la relación especial del último día de Pesaj y Mashíaj.
El último día de Pesaj, por la tarde, hizo una comida adicional y la llamó “Seudat Mashíaj” – la comida del Mashíaj.
“Entre los trece principios de la Fe Judía – ordenados por Maimónides – uno de ellos declara: “Creo con fe perfecta en la venida del Mashíaj; y aún si él tardara, cada día espero que venga”.
Si bien aceptamos intelectualmente este principio, para muchos – incluso observantes de los preceptos de la Torá – el tema del Mashíaj perdura aún como algo intangible, algo abstracto. La “comida del Mashíaj” – deja en claro que no se trata de algo teórico sino que es parte concreta de nuestra vida. Comemos una comida en honor al Mashíaj, próximo a llegar.
Existe, además, otra razón por la cual el Baal Shem Tov ligó nuestra concientización del Mashíaj con una comida física.
En la Era Mesiánica, la Divinidad que se encuentra de modo encubierto en el mundo de lo físico – se revelará de un modo abierto y manifiesto, visible a todos, tal cual expresa el versículo: “Se revelará la Gloria de Di-s y toda la carne conjuntamente verá que es la boca de Di-s la que habló”.
El Jasidismo explica que los preparativos para una revelación deben ser paralelos y en idéntico espíritu a la revelación a la que se pretende llegar.
Por todo ello es de suma importancia tratar que la mayor cantidad de gente se sume a la costumbre de comer el próximo domingo 15 de Abril por la tarde, último día de Pesaj, una comida que incluya Matzá y se tomen cuatro copas de vino.
Que estos esfuerzos logren la realización de las profecías de la Haftará hasta llegar a que “Brotará una rama del tronco de Ishai… y el espíritu del Señor se posará sobre él” con la venida del Mashíaj, pronto, en nuestros días.

La Lectura Para el Shabat Jol Hamoed Pesaj

En todos los días de fiesta se debe leer la Torá, así como se lee en los diversos sábados del año. La única diferencia es que la lectura de la Torá en los shabatot, sigue el orden de los cinco libros de Moshé subdividiendo cada libro en parashot (secciones semanales), pero en las fiestas esto no es así. Para cada fiesta ha sido designada una lectura especial que no tiene relación con la parashá semanal sino con un tema relacionado con la fiesta.

Es por este motivo que si alguno de los días de la fiesta cae en shabat, en lugar de ser leída la parashá semanal, ésta es reemplazada por una lectura correspondiente a la fiesta llamada: “la lectura de la Torá para el shabat de jol hamoed”, postergando la parashá semanal hasta el shabat siguiente.

El Talmud (Meguilá 31a) nos enseña que en el shabat de jol hamoed se debe leer del libro de Shemot (Éxodo) a partir del cap. 33:12 hasta 34:26. Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, 1040-1105), en su comentario al Talmud, nos explica que estos versículos fueron elegidos para la lectura de la Torá de jol hamoed, pues en ellos son recordadas las mitzvot (preceptos) del shabat, de las fiestas de Pésaj, Shavuot y Sucot, y también la mitzvá de jol hamoed.

En esta lectura vemos que después del pecado del becerro de oro, D’os le pide a Moshé Rabenu que prepare dos tablas de piedra para lo que serían las segundas tablas de los Diez Mandamientos, y después le dice que concertará un pacto con el pueblo y que éste debe cuidarse de no transgredir la prohibición de la idolatría. Luego, la Torá advierte sobre el cumplimiento de la fiesta de Pésaj, la mitzvá del rescate del primogénito, la mitzvá del Shabat, la fiesta de Shavuot, la fiesta de Sucot y la mitzvá de los bicurim (traer las primicias del producto del campo al Templo Sagrado de Jerusalem).

Al ver la secuencia de los temas recordados en todos estos versículos, surge una pregunta: ¿qué relación tienen todas las fiestas y las mitzvot referentes a ellas, con el pacto que D’os concertó con Moshé y con la prohibición de la idolatría, para que sean recordadas en un mismo contexto?

Encontramos que el gran comentarista de la Torá Rabí Abraham Ibn Ezrá (1080 – 1164), ya se había referido a esta pregunta diciendo que la Torá relaciona a las fiestas y a aquellas mitzvot que recordamos anteriormente, con el pacto y la idolatría, ya que en general, todas las fiestas son un recuerdo de la salida de Egipto así como esas mitzvot, y es por eso que es una contradicción recordar que D’os nos sacó de la tierra de Egipto – de un país idólatra – y al mismo tiempo servir a otros dioses.

Sin embargo, el comentarista Rabí Jizkiá Ben Rabí Manoaj (Francia, siglo XIII) en su libro “Jizekúni” nos ofrece otra explicación. Él dice que después de la prohibición de la idolatría, la Torá recuerda a las fiestas y a todas estas mitzvot, puesto que todas ellas son una señal de que nosotros somos los servidores del Santo – bendito es Él, pues ellas representan el hecho de que nosotros nos presentamos en las fiestas delante de D’os trayéndole obsequios, así como los súbditos de un rey terrenal acostumbraban presentarse delante de él en determinados días del año para honrarlo, y es por eso, que la Torá puso como condición para la vigencia del pacto entre D’os y el pueblo de Israel, el cumplimiento de estas importantes mitzvot.

De todo esto, podemos ver cuán grande es la coherencia que debe regir nuestros actos (y nuestras palabras, y nuestros pensamientos) para que éstos no se contradigan los unos con los otros. Y por otro lado, también aprendemos que debemos utilizar esa coherencia como base y pilar en las fiestas de Pésaj, Shavuot y Sucot, para intentar acercarnos a nuestro Creador ofreciéndoLe lo mejor de nosotros

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