Parashá Haazinu – (Prestad oídos). 8 Tishri 5770 (26 de Septiembre de 2009)

En esta anteúltima Parashá, Moshé comienza su mensaje al Pueblo de Israel en forma poética, convocando a los cielos y a la tierra para atestiguar eternamente sobre sus advertencias a los judíos en su observancia a la Torá. En este poema Moshé resalta la fidelidad y justicia del Eterno, frente a las actitudes perversas del Pueblo elegido. Si los Hijos de Israel preguntarán sobre las anteriores generaciones, se les responderá cómo el Eterno eligió a Israel de entre todas las naciones y cómo los amparó en su camino por el desierto, comparando como el águila cuida a su cría, revoloteando sobre ella. Pero también el mismo Pueblo abandonó a su Creador, causando su ira. Así, generaciones posteriores se volverían contra Él, adorando idolatrías.

El Eterno castigaría, tanto a jóvenes como a ancianos por medio de la crueldad de pueblos extraños. Pero Su intervención evitará la destrucción total del Pueblo.

Los Hijos de Israel deben entender que únicamente bajo el amparo del Todopoderoso, se podrán enfrentar a ejércitos superiores, pero siempre reconociendo que sólo existe el Creador, con poder absoluto.

Una vez finalizado este discurso, Hashem ordenó a Moshé subir al Monte Nevó, para así poder ver y contemplar la Tierra de Israel, la Tierra Prometida

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Otro Comentario de la Parashá

Esta semana nos encontramos con una parashá un poco distinta de lo acostumbrado ya que en ella figura la “shirat haazinu” – una poesía de reprimenda de Moshé hacia el pueblo de Israel.

Mediante las fuertes palabras de esta shirá, nuestro maestro Moshé quiso acercar hacia el corazón y el cerebro de los hijos de Israel, toda clase de enseñanzas que a ellos les serían de gran utilidad para comprender la profundidad que encierra toda la creación de D’os, y también para que ellos sepan cómo comportarse en el futuro.

Muchas veces, las personas pueden llegar a pensar que algo no es significativo para ellos simplemente porque eso está alejado de la realidad que los envuelve. Pero otras veces, inentendiblemente, nosotros vemos cómo las personas dejan incluso hasta su propia vida (o la de su familia), para tratar de alcanzar algo que para ellos es casi una ilusión y una fantasía, por la gran desesperación que tienen por esa cosa.

Esto se ve frecuentemente cuando se habla sobre el dinero, pues en ese campo la fantasía y la desesperación de la mayoría de las personas casi no tienen límites, sin embargo, curiosamente, en el campo de lo espiritual las personas pierden su paciencia mucho más rápido. Veamos ahora lo que nuestra Sagrada Torá tiene para decirnos al respecto:

“Presten oídos cielos y hablaré,escucha tierra los dichos de mi boca”(32:1)

Con estas palabras de convocatoria comienza Moshé su alocución al pueblo de Israel. Toda la creación de D’os debía estar presente mientras él intentaría inculcar algunas buenas ideas en ellos. Realmente estas palabras introductorias son muy bonitas y el estilo poético muy conmovedor.

Es más, encontramos que no sólo Moshé comenzó a hablar con el pueblo acompañado de estos “testigos”, sino que también el profeta Isaías comenzó su libro utilizando términos similares. Sin embargo, al leer las palabras del profeta Ieshaiahu nos damos cuenta de una pequeña diferencia, ya que Ieshaiahu invirtió las palabras de su antecesor Moshé al decir:

“Escuchen cielos y presta oídos tierrapues D’os ha hablado”(Isaías 1:2).

¿A qué se debe este cambio?

Muchos de los comentaristas de la Torá intentaron ofrecer una respuesta, pero en esta oportunidad expondremos delante de ustedes, estimados lectores, una bonita interpretación que ha sido ofrecida por Rabí Iosef Bejor Shor (1140 – 1190) en sus explicaciones de la Torá.

Dice nuestro autor que la diferencia entre estos dos versículos está basada en el lugar geográfico en el cual se encontraba cada uno de los dos profetas: Moshé e Ieshaiahu. El verbo lehaazín (que traducimos como: “prestar oídos”) denota la idea de escuchar algo que se está diciendo desde un lugar lejano, y por lo tanto el oyente debe esforzarse para escuchar claramente el contenido del mensaje (como alguien que necesita colocar su mano sobre su oreja para concentrar mejor los sonidos). Pero el verbo lishmoa (que traducimos como: “escuchar”), denota la acción simple de oír lo que se está diciendo, sin ningún esfuerzo especial por parte del oyente.

Moshé Rabenu le dijo a los cielos: “presten oídos”, pues en ese momento él estaba hablando desde la tierra, y los cielos se encontraban lejanos a él. Sin embargo, cuando le habló a la tierra no necesitó utilizar este verbo, y alcanzó con que le diga a ella: “escucha”, pues ella estaba cercana a él.

Pero el profeta Ieshaiahu no estaba profetizando por sí mismo, sino que él estaba hablando en nombre de D’os, que Su Divinidad reside en los cielos, y es por eso que a los cielos les dijo: “escuchen”, porque estaban cerca de él, mas a la tierra – que estaba lejos – necesitó decirle: “presta oídos”.

Dice el Bejor Shor que de aquí nosotros podemos aprender una importante norma de buena conducta, pues quien escucha algo de alguien que está lejano a él, no debe contentarse simplemente con escuchar, sino que a causa de su distanciamiento, él tendrá que esforzarse para escuchar bien y claro el mensaje.

Y esto también nos sirve a nosotros respecto de lo que hablábamos al comienzo, pues a pesar de que a muchas personas les pueda resultar extraña y lejana a su entendimiento y a su forma de pensar toda la rica herencia que tiene guardado para ellos el judaísmo, precisamente por esa razón es que ellos deben “prestar oídos” y hacer el más grande de los esfuerzos para entender claramente el mensaje que ellos deben y necesitan recibir, pues nadie que está alejado podrá percibir nítidamente el contenido de nuestra Sagrada Torá si no pone todo de sí para hacerlo.

Parashat Haazinu: La canción de Moshé

La parashá de esta semana es una de las últimas parashot de la Torá. En ella Moshé toma un diferente curso de acción al compararlo con otras secciones de Devarim. Hasta ahora Moshé enseñó o reenseñó los mandamientos, o reprendió al pueblo por sus errores. En Haazinu, Moshé irrumpe en canto. No es la primera vez que Moshé canta; la “shirá” después de la apertura milagrosa del mar es, por supuesto, la canción más famosa de Moshé. Pero la canción fue la respuesta a una acción Divina inigualable. Esa fue una canción inspirada por el éxtasis religioso. Fue un momento de éxtasis; Moshé lideró y todo el pueblo lo siguió. Aquí, Moshé canta solo. La generación que dejó Egipto había fallecido, y pronto ocurriría lo mismo con Moshé. Este parece ser un momento extraño para que Moshé irrumpa en canto, pero aquí es donde encontramos la grandeza de Moshé.

En función de entender esta idea, miremos un pasaje del Talmud, el cual describe otro momento en que alguien deseó cantar pero no se le permitió:

“Nuestros Rabinos enseñaron: Cuando el malvado Nabucodonosor tiró a Jananiá, Mishael y Azariá a la hoguera, El Santo – bendito es Él, dijo a Ezequiel: ‘Ve y resucita muertos en la llanura de Dura’. Después de que él los resucitó, los huesos fueron y golpearon a ese malvado hombre en su cara. ‘Qué clase de huesos son estos!’ él exclamó. Ellos respondieron: ‘El amigo de ellos [Ezequiel] está resucitando a los muertos en la llanura de Dura’. Y es por eso que él irrumpió y dijo: ‘Cuán grandiosas son Sus señales, y cuán poderosas son Sus maravillas! Su reinado es un reinado eterno, y Su dominio va de generación en generación!’. Rabí Itzjak dijo: Que sea derramado oro derretido en la boca de ese malvado hombre [Nabucodonosor]! Si un ángel no hubiese venido y golpeado su boca, él hubiese eclipsado todas las canciones y alabanzas dichas por David en su libro de Salmos” (Sanhedrín 92b).

La conclusión del pasaje es que Nabucodonosor deseaba cantar pero no se le permitió, y si él hubiese cantado, sus canciones de alabanzas hubiesen sido muy buenas en comparación con las del rey David – el dulce cantor de Salmos. El pasaje es difícil: ¿Para qué D’os mostraría un milagro así al pagano, sino para que él se dé cuenta de la grandeza de D’os? Y ¿por qué Nabucodonosor se sorprendería, cuando la idea de un D’os más poderoso que él, finalmente llegaría a él?

El Rebe de Kotzk habla sobre este tema en un corto comentario:

“Tú deseas cantar alabanzas cuando la corona está sobre tu cabeza, me gustaría escucharte cantar después de que seas golpeado en la cara” (Emet Mikotzk Tizmaj pag.37).

Muchas personas, después de ser inspiradas por una maravillosa visión, tienen la habilidad de cantar alabanzas. La grandeza del rey David fue su habilidad de cantar a pesar de su tragedia personal, la cual hubiera destruido el espíritu de otro hombre. El ángel fue a golpear a Nabucodonosor: si él hubiese cantado en ese momento él hubiese mostrado una grandeza espiritual y verdadera humildad. Pero después del incidente, Nabucodonosor ya no estaba inspirado. El momento se perdió.

Ahora podemos apreciar la sublime grandeza de Moshé: por supuesto que la canción cantada después de la apertura del mar fue un momento de éxtasis religioso. Aquella canción fue la primera que el pueblo cantó a D’os. El Midrash indica que en el futuro esto se notará:

“Aquello que fue, será”: Los Rabinos dicen: en el futuro las generaciones se reunirán en la presencia de D’os, y dirán delante de Él: ‘Señor del Universo, ¿quién cantará una canción ante Ti, primero?’. Él responderá: ‘En el pasado nadie más que la generación de Moshé cantó ante Mí, y ahora nadie más que esa generación cantará ante Mí’. ¿Cuál es la prueba? Como está escrito: ‘Canten ante D’os una nueva canción, y Su alabanza desde el fin de la tierra; hasta abajo del mar’ (Isaías 42:10)” (Midrash Rabá Kohelet 1:28).

Pero Moshé, así como David, canta incluso cuando las cosas no van por el camino que él quiere. David cantaba cuando se escapaba de su propio hijo, quien intentaba usurpar su poder. Moshé canta en el momento anterior a su muerte. Cuando contemplamos las palabras usadas por Moshé nos sorprendemos más aún:

“Escuchen los cielos, y yo hablaré; escucha, tierra, las palabras de mi boca. Mi doctrina goteará como la lluvia, mi habla destilará como el rocío, como la pequeña lluvia sobre la hierba tierna, y como el chubasco sobre el césped. Porque yo proclamaré el nombre de D’os; atribuyan grandeza a nuestro D’os. Él es la Roca, Su trabajo es perfecto; pues todos Sus caminos son justicia; un D’os de verdad y sin iniquidad, justo y recto es Él” (Devarim 32:1-4).

De todas las maneras para describir a D’os, Moshé se refirió a Él como una “Roca”. Por supuesto que este término significa el poder de D’os. Pero cuando recordamos que la caída de Moshé tomó lugar cuando intentaba extraer agua de la roca, es mucho más sorprendente que esta apelación en particular sea usada. La explicación puede ser la que encontramos en el Zohar:

“Rabí Shimón dijo: Moshé en su canción, primero dijo: ‘Él es la Roca, Su trabajo es perfecto’, refiriéndose a la ocasión en la cual salió agua de la roca…” (Zohar Shemot 64b).

En su canción, la cual es cantada inmediatamente antes de su muerte, Moshé completamente acepta la justicia Divina: Él es la Roca, Su trabajo es perfecto; pues todos sus caminos son justicia; un D’os de verdad y sin iniquidad, justo y recto es Él. En lugar de evitar este tema doloroso, Moshé se refiere a él, mostrando una absoluta aceptación de D’os y Su voluntad. Esta es otra demostración del nivel espiritual de Moshé.

Al comienzo del libro de Devarim, notamos que Moshé trató tres temas principales: la reprimenda, con la esperanza de llevar al pueblo a un nivel espiritual más elevado; una revisión de los mandamientos basados en la Torá Oral, y finalmente esta sección de la canción en la cual Moshé muestra que no hay remordimiento de su parte. Él va a su muerte con dignidad, alabando a D’os y a su pueblo, así como veremos en la parashá final en el libro de Devarim – Vezot Habrajá

http://www.judaismohoy.com/

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