Relato: Una nota en el muro

Había nacido en una vida de privilegios y –como lo ordenaba la época– se rebeló furiosamente cuando tenía diecinueve años.

Vistiéndose con las rasgadas ropas que constituían el uniforme de su generación, Joey Riklis abandonó sus estudios en la universidad, renunció a su trabajo de tiempo parcial, y anunció a su viudo padre que partía para la India en busca de esclarecimiento. Cuando Joey reveló cierto día que había roto con su religión, su padre casi se desmayó.

Adam Riklis era un superviviente del Holocausto. Toda su familia había sido asesinada por los nazis, y él había resistido solo las bárbaras privaciones de tres campos de concentración. Al enterarse que era el único superviviente de su familia, había prometido silenciosamente que la religión por la que sus parientes habían muerto no moriría con él. Aunque muchos supervivientes habían asumido la actitud opuesta, abandonando la religión de su juventud con enojo y dolor, la perspectiva de Adam había sido bastante diferente. Divorciarse de la religión de sus asesinados parientes no sería nada menos que una traición a sus vidas… y muertes.

En Cleveland, Adam se había aferrado con tenacidad a sus tradiciones judías y rituales religiosos, incorporándolos cuidadosamente a la existencia cotidiana de su familia. Había enviado a sus hijos a la escuela integral judía, los llevaba a la sinagoga regularmente, y cuidó que ellos adhirieran estrictamente a la ley religiosa. Estaba orgulloso de haber criado niños religiosos que continuarían el patrimonio de la familia. Pero ahora su propio hijo anunciaba que despreciaba este mismo legado, burlándose de las pérdidas de su familia. Adam podía soportar cualquier cosa menos ésta.
“¡Vete de aquí!”, gritó a Joey. “¡Lárgate de mi hogar y nunca vuelvas! No eres mi hijo. Te desheredo de mi corazón, de mi alma, de mi vida. ¡No quiero volver a verte nunca más!”

“Pues bien, tanto mejor”, gritó Joey en respuesta, “porque tampoco yo quiero verte a ti nunca más!”

En la India, Joey viajó de gurú en gurú, buscando sabiduría y espiritualidad, respuestas concretas a los escurridizos misterios de la vida. Durante sus viajes, se enganchó con Sará, su acompañante femenina de muchas maneras. También ella buscaba otra senda espiritual. Estaban seguros que tenían “almas gemelas”.

Habían estado juntos durante seis años cuando Joey accidentalmente se encontró con un viejo compañero de clase de Cleveland en una esquina de Bombay.
Joey y Sammy se abrazaron felices. “¡Esto es increíble!”, se dijeron uno al otro. Estaban intercambiando ansiosamente las historias de sus respectivas aventuras cuando los ojos de Sammy se nublaron y dijo lúgubremente:
“Oye, Joey, realmente me entristeció escuchar lo de tu padre”.
“¿Mi papá?”, repitió Joey silenciosamente. “¿Qué quieres decir?”
“Oh, Di-s mío, lo siento mucho. Entonces… obviamente no lo sabes”.
“¿Saber qué?”, preguntó Joey, ahora rígido de miedo.
“Oh, Joey, tu padre murió hace un par de meses. ¿Nadie te lo escribió?”
“Nadie sabía dónde estaba yo”, contestó Joey lentamente, golpeado por la noticia. “¿De qué murió?”
“Un ataque al corazón”.
“No fue un ataque al corazón”, dijo Joey, anegándose sus ojos en lágrimas. “Más probable, con un corazón quebrado, estoy seguro. Y yo soy la causa. Yo lo maté. Yo maté a mi propio padre”.
“Joey, no seas ridículo”, murmuró Sará, tocándole el hombro con compasión. “¡Tú no tuviste nada que ver con la muerte de tu padre!”
“Sará, estás equivocada”, contestó Joey. “¡Yo tuve toda la culpa de la muerte de mi padre!”

Durante varios días después, Joey vivió en un estupor, aturdido de congoja y remordimiento. No podía librarse de su abrumadora certeza de que el dolor que había infligido a su padre habido terminado con su vida. En el fondo de su mente, siempre había esperado una conciliación. De algún modo siempre había estado seguro que algún día tendría lugar una reunión cariñosa. Ahora, nunca podría pedir perdón a su padre, o regresar al cálido abrazo de su amor. Y nunca tendría la posibilidad de poner fin a la distancia, una situación que tan desesperadamente necesitaba.

“Sará”, sacudió él su cabeza en duelo unos días después de enterarse de la muerte de su padre. “No puedo seguir así más. La India, ahora, me sabe a cenizas. Sé que pensarás que es extraño, pero debo ir a Israel”.
“¡Israel!”, dijo Sará con sorpresa, arrugando su nariz en aversión como sólo un rebelde religioso atrincherado podría hacerlo. “¿Por qué quieres ir a Israel?”
“Simplemente siento un impulso, Sará. No puedo explicarlo, pero tengo que ir”.
“Está bien, está bien, pues iremos”, aceptó ella sin ganas.
Cuando el avión aterrizó, Joey se volvió a Sará y dijo: “Quiero ir a rezar”.
“¿Te me estás poniendo raro, Joey?”, preguntó ella con falso interés.
“¡Sará, por favor!”
“Bueno, bueno”, ella cedió, “así que quieres rezar, bien. ¿Quieres ir a una sinagoga?”
“No, Sará. Quiero ir al Muro de los Lamentos, al Kotel HaMaaraví. Es el único remanente del Primer y Segundo Templo, considerado el sitio más santo de Jerusalén. La gente cree que la presencia de Di-s es más fuerte allí que en cualquier otra parte de Israel. Es donde gente de todo el mundo va a rezar, para pedir a Di-s, para pedir milagros. Lo que quiero hacer es rezar por el perdón de mi padre”.
“Bueno”, dijo Sará, “vayamos. Pero debo decirte que no gusta la dirección que pareces estar tomando”.
“¡Sará!”, gritó Joey con angustia. “¿Es que no comprendes?”
“Me parece que comprendo demasiado bien, Joey. Comprendo que tú no eres el mismo Joey que conocí todos estos años. Solías reírte de todo esto conmigo. Y ahora quieres ir a rezar a un muro”.
“Mira, Sará, estoy sufriendo. Amaba a mi padre. Está muerto. Siento que yo lo maté. ¿Por qué me haces esto tan difícil?”
Riñeron por una hora, y finalmente decidieron separarse. “Sará, no sé por qué sucede esto”, dijo Joey tristemente. “Pensaba que eras mi alma gemela”.
“Lo soy”, dijo ella suavemente. “Pero nuestras almas simplemente ya no están alineadas. Adiós, Joey”.

Acercándose al Muro a pie, Joey miró de lejos los racimos de gente que llenaban la plazoleta. Etíopes con cofias africanas, yemenitas en tradicionales túnicas blancas, norteamericanos en T-shirts y diminutas kipot. Todos venían a apretar sus labios contra las frescas piedras, derramar calientes lágrimas e implorar fervientemente a Di-s con sus solicitudes personales.

Joey se acercó a un guardia de seguridad, uno entre las docenas que circulaban entre la muchedumbre.
“Disculpa”, dijo. “¿Puedo conseguir un Libro de Oraciones en algún lugar aquí?”
Silenciosamente, el guardia le señaló en la dirección de un rabino barbado, que dispensaba la parafernalia religiosa –kipot, libros de plegaria, pañuelos de mujer– a los novatos.

Poniéndose una kipá prestada y sujetando un libro de oraciones, Joey caminó hacia una sección del Muro. Observando a los demás y simulando sus movimientos, descansó su cabeza contra la lisa piedra del Muro, tratando de abrazarlo con su brazo para crear una aura de privacidad, y comenzó a rezar silenciosamente. Pensó que las palabras le parecerían ajenas después de todos estos años y que las entonaría balbuceante, pero en cambio éstas fluyeron de él en un arroyo familiar, reconfortante. Cerró los ojos y recordó la entonación de su padre de estas mismas palabras, mientras era transportado de vuelta en la memoria a planos diferentes, al mundo de su juventud.

“Oh, Papá”, sollozó. “¡Cuánto deseo poder pedir tu perdón! ¡Cuanto deseo poder contarte cuánto te amé! ¡Cuánto lamento todo el dolor que te ocasioné! No quise lastimarte, Papá. Simplemente trataba de encontrar mi propio camino. Tú lo significaste todo para mí, Papá. Me hubiera gustado poder decírtelo”.

Cuando Joey terminó de rezar, se volvió, sin saber qué hacer a continuación. Entonces observó gente a su alrededor garabateando notas e introduciéndolas en las fisuras del Muro. Curioso respecto de qué significaba este comportamiento, se acercó a un joven, y le preguntó: “Discúlpame, ¿por qué tanta gente pone pequeños trozos de papel en las fisuras del Muro?”

“Oh, estos son sus pedidos”, contestó el joven, “sus plegarias. Se cree que las piedras son tan santas que los pedidos colocados en ellas serán especialmente bendecidos”.
“¿Puedo también yo hacer eso?”, preguntó Joey, intrigado.
“Seguro. Pero te lo advierto, ¡ya no es fácil encontrar una fisura vacía!”, el joven se rió. “¡Los judíos han estado viniendo aquí durante siglos para clamar a Di-s con sus plegarias!”
Joey escribió: “Querido Padre, te ruego que me perdones el dolor que te ocasioné. Te amé mucho y jamás te olvidaré. Y por favor, sabe que nada que me hayas enseñado fue en vano. No traicionaré las muertes de tu familia. Te lo prometo”.

Cuando terminó de escribir la nota, Joey buscó una fisura vacía. El joven no había exagerado. Todas las fisuras del Muro estaban llenas, repletas, desbordando con notas de peticionantes, y le llevó cerca de una hora encontrar un espacio vacío. Pero resultó no estar vacío, después de todo. Cuando deslizó su propia pequeña nota en la fisura, accidentalmente desplazó a otra que ya estaba allí, y ésta cayó al suelo.

“Oh, no, he empujado hacia afuera la nota de otro”, pensó Joey, un poco asustado, preguntándose qué debía hacer con ella. Caminó hacia atrás para recuperarla, y sosteniendo el enrollado papel en su palma, comenzó a buscar otro espacio en el cual introducirla. Pero repentinamente, superado por una tremenda curiosidad por leer las palabras del peticionante desconocido, Joey hizo algo característicamente inescrupuloso: Desenrolló la nota abriéndola para examinar su contenido. Y esto es lo que leyó:
“Mi querido hijo Joey, si sucediera alguna vez que vinieras a Israel y de algún modo milagrosamente encontraras esta nota, esto es lo que deseo que sepas: siempre te amé, incluso cuando me lastimaste, y nunca dejaré de amarte. Eres, y siempre serás, mi amado hijo. Y Joey, por favor, sabe que te perdono por todo y sólo espero que a su vez perdones a un viejo hombre necio”. La nota estaba firmada: “Adam Riklis, Cleveland, Ohio”.

“Señor, ¿está bien? Señor… Señor… La voz sin cuerpo vino de lejos, destrozando el embelesamiento de Joey. No supo cuánto tiempo había estado allí, aturdido, paralizado por la sorpresa, sujetando la nota de su padre en su temblorosa mano, con lágrimas fluyendo en torrente por sus mejillas. Aturdido, se volvió para encarar al joven que le había instruido sobre la escritura de la solicitud minutos atrás.

“Escucha”, dijo el hombre cálidamente, pasando un brazo simpático alrededor del hombro de Joey. “No tienes que decírmelo. Será Shabat pronto, ya es casi el crepúsculo. ¿Te gustaría venir a pasarlo conmigo?”

Tres años después, Joey había regresado a su religión y era un estudiante rabínico constante.

“Pienso que es tiempo de que te cases”, le dijo el Rabino principal un día. “A mi esposa le gusta jugar de casamentera y dice que tiene a la joven perfecta para ti. Le he contado de ti, y ella dice que está convencida de haber encontrado tu alma gemela. Es alguien como tú, una retornante al judaísmo, que estudia en la escuela de mujeres de mi esposa. ¿Te gustaría encontrarte con ella? Ven a mi casa esta noche para la cena, y ella estará allí”.
Esa noche, Joey entró a la casa del Rabino y fue escoltado hasta la sala. Allí, sentada sobre el sofá, estaba ninguna otra que su viejo amor, Sará. Se miraron uno al otro a través de la habitación con sorpresa y temor, y Sará contuvo unas lágrimas.
“¿Cómo… cómo sucedió esto, Sará?”, preguntó Joey con aturdida sorpresa.
“Pues bien, después de que nos separamos”, dijo Sará, “comencé a vagar por Israel. `Ya estoy aquí, podría ver al menos el país antes de poner dirección a la India´, me dije. Así que comencé a pasear, y pese a todo lo que yo era, comencé a enamorarme del país, de la gente, y… de la religión. Un día alguien me contó de una gran escuela para mujeres, ¡y aquí estoy!”
“Sará, he pensado en ti tan frecuentemente todos estos años…”.
“Pues bien, supongo que nuestras almas están alineadas ahora”, dijo ella suavemente, mientras se volvía a él con una sonrisa de bienvenida.

de “Milagros”, una Colección de Historias Verídicas.
(extraído de la enseñanza semanal, http://www.jabad.org.ar).

http://www.tora.org.ar/

Di-s en Campaña Electoral

Un presidente tiene cuatro años entre elecciones, un miembro del congreso necesita renovar su mandato cada dos años, mientras que los dictadores permanecen a cargo mientras puedan mantener a sus generales felices (o aterrorizados). Pero Di-s se presenta para la reelección todos los años.

Cada Rosh Hashaná, coronamos como rey a Di-s. Según los Cabalistas, sin esta coronación anual (efectuada por nuestra resolución de someternos a la soberanía divina, nuestra recitación de los “versos de reinado” incluidos en los rezos especiales del día, y a través de hacer sonar del shofar), el “reinado” de Di-s no sería renovado, y toda la creación – que deriva del deseo divino de ser rey – dejaría de existir.

(Generalmente no pensamos que los reyes requieran de elecciones para gobernar, pero eso es porque la palabra “rey” es una traducción algo imprecisa de la palabra hebrea melej. El melej, por definición, es un soberano que su reinado deriva del libre deseo del pueblo de elegir un gobernante a quien someterse. Un rey que reina por la fuerza o el terror no es melej sino simplemente un moshel, “gobernante” o “dictador”.)

¿Cómo se prepara Di-s para su reelección anual? ¿Se queda en su “palacio” confiando en nuestro buen sentido de proclamarlo nuevamente rey? ¿O va en busca de voto, mezclándose entre las masas, entre apretones de manos, besando bebés? Así es como Rabi Schneur Zalman de Liadi (1745-1812), describe el mes de Elul – el mes que precede a la coronación divina en Rosh Hashaná:

Es como un rey que, antes de que él entre a la ciudad, la gente de la ciudad sale a saludarlo al campo. Allí, le permiten a quien lo desea conocerlo; él recibe a todos con una cara alegre y les demuestra una cara sonriente. Y cuando entra a la ciudad, lo siguen. Más adelante, sin embargo, después de que él entre en su palacio real, ninguno puede entrar en su presencia excepto con una cita, y solamente la gente especial e individuos preseleccionados. Así pues, también, por analogía, en el mes de Elul es cuando nos reunimos con Di-s en el campo… (Likutei Torá, Ree 32b; vea también Likutei Sijot, vol. II P. 632 FF.)

Mientras que esta descripción tiene una cierta semejanza con un político en campaña en una democracia moderna, hay, por supuesto, algunas diferencias significativas. Por ejemplo, el hecho de que una promesa de campaña de Di-s sea satisfecha es más probable que la de un típico político en campaña.

Cuando entramos en el mes de Elul. El rey está en el campo; si usted necesita algo de él, ahora es el momento de pedir.

http://www.es.chabad.org/

Hablando con Di-s

Cuando pensamos en la palabra “oración”, pensamos en nuestras necesidades y peticiones, en una lista sin fin: “Cúrame”, ‘”Ilumíname”, “Dame riquezas”, “Dame Tu redención”, “Glorifícame”, “Dame Tu perdón”.

Quizás tenemos un concepto errado de la oración. Cuando niños pedimos a D’os que satisfaga nuestros deseos así como instamos a nuestros padres a llevarnos a ciertos lugares y comprarnos juguetes: “¡Por favor, papá, llévame a…!, ¡Por favor, mamá, cómprame ese…!, ¡Por favor, D’s, dame este…! ” Veamos qué es y ha sido siempre la oración. Nos daremos cuenta entonces que el mandamiento de orar no ha perdido vigencia todavía sino que, por el contrario, sentimos en nuestros días, tal vez, mayor necesidad de sus beneficios que nunca.

¿QUE ES LA ORACIÓN?

La oración no es una lista de peticiones. Es un proceso i ntrospectivo, una clarificación, un proceso en el que uno va descubriendo cada vez más lo que es, lo que debiera ser, y el modo de lograr esa transformación. La Tora expresa esta mandamiento como un “servicio del corazón” (avodat halev) y no de la boca (Taanit2a).

Al ir perfeccionándonos mediante la oración, logramos absorber la bendición del Creador, pero el conquistar estas bendiciones dependerá de cada persona. Unos pueden tener como destino el actuar como “tesoreros” de D’s, o sea, acumular riquezas y distribuirlas para causas nobles; otros, el de dar el ejemplo de no corromperse con riquezas. Otros pueden tener como misión ser un modelo de modestia. Meyer Amshel Rothschild llegó a ser rico porque su destino fue constituirse en banquero de los monarcas y patrón de los pobres, y el Rabino Zusha de Anipoli permaneció entre los menesterosos porque su misión era subsistir con un mendrugo de pan y un plato de porotos, y él siempre dijo: “soy feliz” ¡porque no había pasado nunca un mal día en su vida! Todos ellos recitaron la oración para prosperidad financiera en el “Shemoneh Esré” (oración silenciosa, el más importante de nuestros rezos) y obtuvieron la mejor respuesta que les correspondía.

La sociedad moderna nos ha enseñado que la gente se “agota” si no se detiene nunca para relajarse, compenetrarse y volver a adquirir fuerza interior. ¿Qué nos hace pensar que podremos librar la guerra moral que D’s nos exige sin salimos de las trincheras para volver a adquirir una perspectiva sobre el propósito y estrategia de la batalla? La oración nos da la oportunidad de replegarnos sobre nosotros mismos y obtener así una mayor perspectiva sobre el propósito de nuestras vidas.

FUNCIÓN DE LA ORACIÓN

La palabra hebrea para oración es “tefilá”, un término que nos permite discernir mejor el concepto de plegaria según la Tora. La raíz de tefilá es “pilel” (juzgar, diferenciar, clarificar, decidir). En la vida estamos constantemente separando la evidencia del rumor, la opción válida de especulaciones sin fundamento, el hecho de la fantasía. Este ejercicio, este juicio, se llama pelilá. La palabra pelilim se usa respecto de los jueces que integran una corte rabínica. (Éxodo 21:22), ¿y cuál es la función de una corte sino analizar la evidencia y tomar una decisión? Deducimos como extensión lógica de pilel, la raíz pele que significa una clara separación entre dos cosas. Por lo tanto, la oración es el anhelo del alma por definir qué importa realmente e ignorar trivialidades que frecuentemente pasan por esenciales (Sidur Avodat HaLev).

La gente siempre pone en duda la necesidad de orar, ¿no conoce D’s acaso nuestras necesidades sin tener que recordárselas?

Claro que sí, y mejor que nosotros mismos. Si la oración sólo tuviese como propósito informar a D’s sobre nuestros deseos y carencias, no sería necesaria. Su finalidad es elevar el nivel de aquellos que imploran, ayudándolos a desarrollar verdaderas percepciones de la vida, para poder así merecer Su bendición.

Esta es la función de la tefilá (oración); es un proceso en que se aprende a evaluar y a tomar decisiones. El verbo hebreo para orar es hitpalel, una palabra refleja, que indica que el sujeto actúa sobre sí mismo. La oración es un proceso de autoevaluación, auto discernimiento; un proceso que nos permite retraernos del tumulto de la vida hacia un pequeño rincón de verdad, y reforzar los lazos que nos unen al propósito de la vida.

PETICIÓN DE D’S

El Talmud nos cuenta que cuando el Rabino Yishmael Kohén Gadol, (Gran Sacerdote) estaba en el Sanctosanctórum un Yom Klpur, D’s le pidió una bendición. El Rabino le contestó:

“Sea Voluntad delante de Ti, Señor, para que Tu Misericordia conquiste Tu Ira y Tus Piedades prevalezcan sobre Tu justicia estricta. Condúcete con Tus hijos con Misericordia y júzgalos con indulgencia”. (Berajot 7a)

Este trozo es asombroso, tanto por lo que dice como por lo que no dice ¿Por qué necesitaba D’s la bendición del Rabino Yishmael?

¿Por qué el Rabino Yishmael no obedeció y bendijo a D’s? ¿Cómo la petición de que D’s trate a Israel con bondad puede conformar una bendición al Creador? ¿Qué damos a D’s cuando lo bendecimos?

Rashbá (Rabbí Shelomo Ben Addéret) (Teshuvot 5:51) deriva de palabra “beraja” (bendición) de “bereja” (manantial). Un manantial corre constantemente y sus aguas crecen. Cuando bendecimos a D’s, estamos expresando nuestra esperanza de continuar haciendo crecer algo, ¿pero qué cosa? D’s mismo es infinito, sin comienzo ni fin; no podemos y no nos atreveríamos ni siquiera a sugerir que El pueda seguir creciendo.

Aunque es cierto que el hombre no puede captar ni en lo más mínimo la esencia de D’s, podemos sin embargo percibirlo cuando se acerca a nosotros. Nuestra próspera sociedad lo “ve” como el D’s Beneficiente; el individuo acongojado sufre con Su juicio; el erudito de la Tora se estremece con Su sabiduría. O el hombre puede ser tan tonto como para pensar que el poder viene del cañón de un fusil y la prosperidad de los filos de una segadora.

Cuando rogamos por un “crecimiento” en D’s, estamos implorando que se acerque más a nosotros, que se nos revele. Estamos pidiéndole una mayor Presencia en nuestro mundo, de tal manera que toda la humanidad pueda reconocerlo. Es imposible bendecir a D’s en el sentido de proporcionarle mayor esencia puesto que El es Infinito. Pero, por otra parte, es factible que D’s tenga una mayor presencia en nuestro mundo y por lo tanto, que el hombre logre conocerlo mejor. Y esta es la finalidad de nuestras plegarias. El grado de revelación de D’s en el universo depende de la capacidad espiritual de Israel de recibiría. Cuando Israel estuvo en su apogeo, D’s se reveló en el Monte Sinaí, con un esplendor sin precedente; cuando Israel cayó en el exilio y en la confusión espiritual, permaneció tan oculto que Israel se preguntó si aún éramos la nación de D’s. Oramos para que nuestro nivel espiritual se eleve hasta alcanzar un grado en que merezcamos tener ante nosotros a D’s con todo Su poder y grandeza.

En este sentido, el Rabino Yishmael Kohén Gadol dio a D’s su bendición máxima. Tener éxito en nuestra oración es permitir a D’s aproximarse más a Israel. El Rabino Yishmael deseó que las plegarias tuviesen ese resultado – aumentar la presencia de D’s entre nosotros. Era entonces la bendición perfecta. (Néfesh Hajaim).

ORACIÓN HABLADA

Tefilá es una función únicamente humana, porque combina la inteligencia e imaginación del hombre con su habilidad para transformar conceptos en palabras. La capacidad para poder emitir un habla inteligente distingue al hombre de los animales. La Tora nos dice que D’s introdujo un hálito de vida en Adán y el hombre se convirtió en un ser viviente (Génesis 2:7). Onkelós -autor de la versión aramea del Pentateuco- dice: el hombre se convirtió en un espíritu hablante. Onkelós parece igualar el habla con la vida.

Puesto que, como hemos visto anteriormente, la oración es el anhelo más profundo del alma, debe expresarse de la forma más representativa para la mente humana por medio del habla inteligente. El hecho de que tefilá requiera una clara enunciación de la palabras se deriva de la oración de Janná -profetisa judía que vivió hace 2879 años- (I Samuel 1:15). Los Sabios consideran su devoción y la expresión de su aflicción como el compendio mismo de la grandeza de la oración. Vaciaba su corazón en silencio, los demás no escuchaban su voz pero sus labios se movían. Aprendimos de sus oraciones que el Shemoné Esré debe decirse en silencio. Sin embargo, incluso la oración silenciosa debe ser hablada, porque esto simboliza el mayor grado de elevación del alma humana (Netivot Olam).

Partiendo del origen de Shemoné Esré podemos llegar a una gran conclusión sobre su significado. No es una oración particularmente larga – sólo dieciocho bendiciones en su formulación inicial más una que se agregó posteriormente – y sólo unos cientos de palabras juntas. Tampoco es un tema misterioso; fue hecha en un hebreo simple y rústico de manera que pudiese dominarse fácilmente su contenido. Y sin embargo, el Shemoné Esré fue compuesto por uno de los cuerpos rabínicos más ilustres de la historia, el Anshé Kenesset Haguedolá (los hombres de la Gran Asamblea), S.IV A.E.C. que guió espiritualmente a Israel al inicio de la era del Segundo Templo. Esta Asamblea estaba integrada por ciento veinte sabios, incluyendo a muchos profetas. Israel poseía sin duda una gran cantidad de buenos poetas y escritores. ¿No podía acaso habérsele pedido a alguno que compusiese las oraciones necesarias? ¿Tenía acaso que asumir esta tarea el máximo cuerpo religioso y legislativo de la nación?

Por supuesto que sí. Cada sílaba y cada palabra tienen miles de efectos inimaginables. Incluso las interpretaciones místicas de Rabbí Isaac Lurya Z”L (ARIZ”L) -el Gran Cabalista, S. XVI, Safed- quien dio a conocer muchas de las intenciones Cabalísticas que aparecen dentro del texto de la tefilá, apenas si logró captar una ínfima parte de los tantos significados en que pensaron los Hombres de la Gran Asamblea. Cada palabra del Shemoné Esré, es esencial, tanto por separado como por dentro del contexto de la plegaria en sí. Su contenido era tan profundo y sus efectos tan metafísicos y extraordinarios, que no podía atribuirse a poetas sino sólo a profetas. Tratemos de comprender por qué.

LA LENGUA SAGRADA

El hecho de que la oración sea “el habla del alma”, que represente al hombre en la cumbre de sus aspiraciones para elevarse a niveles mayores, nos ayuda a comprender por qué el hebreo es la lengua de las plegarias. Es cierto que los Sabios permiten que se rece en cualquier idioma (Sota 33a), pero no es algo generalizado, ni iguala el hebreo, nuestra lengua sagrada, con otros idiomas. Las autoridades Halájicas desaprueban la oración en otros idiomas (ver “Mishná Berurá” y “Aroj Hashulján” a Oraj Jaim -Cap. 62 a 101). El Rambán -Rabbí Moshé Bar Najmán S. XII. España- (Éxodo 30.13) muestra que el hebreo es la lengua que D’s usó al crear el universo y la lengua de la profecía. Es por ello, explica, que se la llama nuestra Lengua Sagrada. Esto nos hace ver por qué los rezos adquieren mayor santidad cuando se dicen en hebreo. Los comentaristas sostienen que ninguna traducción puede captar todos los matices de la oración, ni las palabras proféticas de D’s, ni las composiciones sagradas de los Hombres de la Gran Asamblea y sus grandes sucesores a través de los tiempos.

Pero esto va aún más allá. Si uno reza en otro idioma no está cumpliendo con su obligación a menos que comprenda lo que está diciendo; sin embargo, si ora en hebreo, está cumpliendo con su obligación aunque no entienda las palabras (Ver Beur Halajá Oraj Jaim 62). ¿Por qué? Lashón Hakodesh (la lengua sagrada) tiene virtudes que trascienden el hecho de ser simplemente el lenguaje original de las oraciones.

Al referirse a la santidad original del Aleph-Bef (alfabeto hebreo) HaJyDa -siglas de Rabbí Jayyim Yoseph David Azulay. S. XVI- responde a una pregunta que nos deja bastante perplejos. ¿Por qué debemos pronunciar las oraciones? ¿No sabe D’s acaso qué hay en nuestros corazones? ¿No sería mayor santificación de Su Nombre si El cumpliera los deseos tácitos (no hablados) de los hombres? HaJyDa explicó que las combinaciones de las letras -así como las formularon aquellos maestros que compusieron las oraciones- tienen el poder de hacer surgir fuerzas que sobrepasan nuestra imaginación. Así, pueden crearse nuevos alcances espirituales por medio de la expresión verbal de los seres humanos. Para lograrlo debemos articular las oraciones. (“Shem Hagedolim”, artículo sobre el Rabino Yitzjak de Ako).

Se aplica la misma explicación al lenguaje de la oración. Los Hombres de la Gran Asamblea tenían la habilidad y capacidad de combinar letras, versos e ideas de tal forma que abrían las puertas del cielo. Su composición de la Tefilá es equivalente a un acto de creación; es por eso que es tan importante no desviarse de su lengua y de su formulación. Esto no tiene como intención menoscabar la importancia de la comprensión y emoción que se experimenta en esos momentos. Los mismos Sabios aprueban la oración en la lengua que uno comprende, y es sin duda mucho más valiosa una oración bien entendida que una plegaria en que se articulan sonidos sin entenderlos. Pero esto no disminuye en absoluto la importancia de rezar en nuestra lengua sagrada; sólo recalca la responsabilidad que tenemos de comprender las oraciones en su forma original más sagrada.

ORACIÓN PLURAL

Cuando el Rav Yishmael Kohén Gadol bendijo a D’s, le pidió que todo el pueblo de Israel gozara de Su misericordia.

La naturaleza plural de su oración se refleja en todas nuestras súplicas, principalmente en Shemoné Esré, en el que imploramos por todos y no sólo por el individuo que reza y sus seres queridos.

Cuando oramos en plural estamos en nuestro punto más sublime de oración porque sólo rezando por el bien de Israel y del mundo entero podemos lograr plenamente que D’s otorgue Su beneficencia a toda Su creación. Incluso, cuando imploramos por necesidades personales las incluimos dentro de una petición general.

Pueden romperse nuestros corazones por enfermedad o pobreza, pero queremos que todo Israel prospere y tenga buena salud. Y si debemos orar por nosotros, hagámoslo con la esperanza de que nuestro beneficio servirá para engrandecer la Gloria del creador, no la nuestra. Esto no significa que debamos menospreciar la oración del individuo solitario que reza por su esposa, su hijo, sus cuentas o por sí mismo. Alguien que está en los primeros peldaños de una escalera imaginaria para llegar al cielo no debe sentirse avergonzado porque la meta parezca muy lejana. Dejemos que se sienta más bien orgulloso y agradecido por haber cortado los lazos del poder terrenal y por haber elevado sus miras.

¿Tiene el hombre moderno menos necesidad de orar porque ha logrado controlar su medio ambiente? No, por el contrario. Debido a que se ha tornado tan poderoso, el hombre pierde de vista el hecho de que la obtención de tanto poder obedece exclusivamente al deseo de D’s. La oración es un don de D’s para ayudarnos a captar fragmentos de verdad que nos permitan comprendernos y entender nuestro rol en el mundo, y así posibilitar el cumplimiento de Su deseo de beneficiar al hombre. Bendigamos a D’s como lo hizo el Rav Yishmael Kohén Gadol, creando las condiciones que Le permitan colmar a Sus criaturas de bendiciones.

El primer paso para conocer a fondo la Tefilá es estudiarla y aprender el significado de sus palabras. Una persona no debe sentirse avergonzada porque no sabe reza como judío, pues siempre tiene la oportunidad de aprender a hacerlo.

REFLEXIONADO (VIII).¿Como Estar Cerca de D-os

“Karov Hashem lejol koreav, lejol asher ikrauhu beemet”

“Cercano está D’os a todos los que lo llaman, a todos los que lo llamen con verdad”
(Tehilim -Salmos- 145:18)

Antes que nada, debemos entender qué significa estar cerca de D’os. Una persona que reza, está cerca de D’os de una manera sinigual. Él está en contacto directo con D’os todo tiempo que reza, en cualquier idioma que lo haga, y en cualquier lugar y estado que se encuentre.

El gran sabio Maimónides (Rabí Moshé Ben Maimón – Rambam, 1135 – 1204) nos explica en su libro “Moré Nevujim” (Guía de los Perplejos):

“el rezo es una acción que a través de ella, se afianza en nosotros la visión verdadera (de las cosas), es decir, nuestro conocimiento de que Él conoce nuestra situación y en Sus manos está el poder para hacer con nosotros el bien – si le haremos caso, o causar nuestra perdición – si nos reveláramos, y además el rezo nos enseña que no debemos pensar que (las cosas) pasan por casualidad y sin motivo·” (parte lll, cap. 36).

La tefilá es la escalera más accesible y cercana al corazón de la persona para acercarnos al Creador. Es como un “sulam mutzav artza veroshó maguía hashamaima – una escalera que está asentada en la tierra y su extremo llega al cielo” (parafraseando a Bereshit 28:12).

Cuando la persona – un ser de carne y hueso – recita su plegaria delante de D’os, entregándose completamente a su Creador, ella eleva todo su ser, es decir su cuerpo y su alma, para unirse a Él.

Por otro lado, debemos entender que la persona que se encuentra en un nivel espiritual alto, está por lo general, lejos de todo lo material. Sus necesidades son menores y se contenta con poco.

Nos enseña la Mishná (Avot 4:1): “Ézehu ashir? Hasameaj bejelkó – ¿Quién es rico? El que está contento con lo que posee”. Su nivel espiritual le permite contentarse con lo que tiene, no tiene la necesidad de incrementar sus bienes materiales. Ella se comporta de la misma manera que Iaacov Avinu, quien sólo le pidió a D’os: “léjem leejol ubegued lilbosh – pan para comer y ropa para vestir” (Bereshit 28:20).

Cuando Itzjak Avinu se disponía a bendecir a Iaacov (pensando que era Esav) dice la Torá que él pensó: “hakol, kol Iaacov; vehaiadaim, iedé Esav – La voz, es la voz de Iaacov; mas las manos, son las manos de Esav” (Bereshit 27:22). Nuestro patriarca Iaacov, quien fue llamado posteriormente Israel, poseía una cualidad en especial: el emet – la verdad. Ésta es la verdad a la cual el rey David hace referencia en el versículo que recordamos al comienzo: “Karov Hashem lejol koreav, lejol asher ikrauhu beemet – Cercano está D’os a todos los que lo llaman, a todos los que lo llamen con verdad”. El rey David nos enseña que esta verdad debe ser la base de nuestra plegaria. Y esta verdad es la “voz de Iaacov”, el rezo; la única arma que tiene el judío.

Cuando Esav y sus descendientes y el resto de las naciones salen a la guerra, lo hacen pertrechados con todas las armas que tienen a su disposición, mientras que el pueblo de Israel sale a la guerra armado únicamente con sus plegarias.

De la misma manera que un arquero estira la cuerda de su arco dándole la máxima tensión para lanzar su flecha más lejos y con mayor fuerza, asimismo mientras más acerque el judío “su flecha” (la tefilá) a su corazón, más lejos llegará y más se acercará al Creador.

Para poder entender nuestra tefilá debemos definir nuestra relación con el Todopoderoso, ya que a Él van dirigidas nuestras plegarias y nuestras alabanzas. Nuestra obligación de conocerLo, amarLo y rezarLe sólo a Él se puede explicar estudiando las seis mitzvot temidiot (los seis preceptos atemporales).

Hay seis mitzvot que el judío está obligado a cumplir en todo momento y en toda circunstancia. Estos seis mandamientos son los siguientes:

1) Creer que hay un solo D’os en el Universo, Quien creó toda la creación y mediante Su voluntad decide todo lo que sucede ahora. Creer que Él es, fue y será por siempre; y creer que Él nos liberó de la esclavitud de Egipto y nos entregó la Torá.

2) No creer en ninguna deidad y sólo creer en Él. Aquel que acepta que el Santo – Bendito es Él, gobierna sobre todo lo creado, pero piensa que para algunas cosas entregó Su gobierno a un ángel o estrella, está aceptando la idolatría y está transgrediendo uno de los diez mandamientos (“No tendrás otros dioses…”). Debe creer que únicamente el Santo – Bendito es Él supervisa todos los mundos y ninguna creación tiene la fuerza de hacer algo sin Su voluntad.

3) Creer en Su unicidad. Debemos saber que Él, que crea todo de acuerdo con Su voluntad y es Quien supervisa todos los mundos, es Único y no hay otros dioses que gobiernan junto a Él.

4) Amar a D’os, Bendito Sea. ¿Y cómo se llega a amarlo? A través del estudio de la Torá conocerá Su infinita grandeza. La persona debe tener como objetivo amar a D’os, y todos sus pensamientos y acciones lo deben llevar a lograr ese objetivo. Ella siempre debe esforzarse para adquirir la sabiduría de la Torá y así poder llegar al conocimiento de D’os.

5) Ser temeroso de D’os, Bendito es Él. El hombre que tiene la posibilidad de cometer alguna transgresión debe pensar que D’os supervisa todas sus acciones y le hará pagar por todas sus malas acciones.

6) No dejarse llevar por las inclinaciones del corazón y por visiones prohibidas, como nos enseña la Torá: “Veló taturu ajaré levavjem veajaré enejem – y no os desviaréis en pos de vuestro corazón y en pos de vuestros ojos” (Bamidbar 15:39). Ésto también se aplica a todo tipo de pensamientos ajenos a las enseñanzas de la Torá.

Solamente quien está conectado todo el tiempo con D’os puede sentirse que está cercano a Él. El cumplimiento constante y permanente de estas seis mitzvot que no requieren un tiempo o una situación determinada para ser cumplidas es una herramienta fundamental para acercar nuestros pensamientos a la Fuente de la Vida.

De esta manera, acercándonos a D’os con verdad, realmente podremos decir que sabemos cómo estar cerca de D’os.

Sea Su voluntad escuchar las plegarias de todo Su pueblo, Israel. Amén.

REFLEXIONADO (VIII).¿Por qué ser judío?

LIBERTAD DE CULTO…. ¿ASIMILACION?

Durante miles de años, los judíos jamás siquiera pensaron en hacerse la pregunta de “¿por qué ser judío?” Era algo incuestionable. Era considerado un privilegio tal ser judío que a la gente no se le habría nunca pasado por la mente algo semejante. No importaba cuánto hubiesen sufrido los judíos por su identidad, se apegaban a su carácter judío como si sólo eso valiese la pena en la vida. Incluso los judíos más simples preferían morir antes que renunciar a su identidad judía.

Hoy en día, sin embargo, ha habido un cambio radical en la situación. En la mayoría de los países los judíos ya no son perseguidos y pueden practicar el judaísmo a su parecer, una libertad que se nos ha permitido sólo en algunas ocasiones en los últimos 2000 años. Sin embargo, muchos judíos no ven la necesidad de ser judío. Adoptan voluntariamente otras religiones y culturas, abandonando una religión y cultura por las cuales sus antepasados hubieran dado la vida. Veamos algunos ejemplos. “Los judíos paro Jesús” y los “judíos mesiánicos” son actualmente organizaciones que han ido expandiéndose y ramificándose a todos los países del mundo. A ella pertenecen judíos que han renunciado al judaísmo para convertirse al cristianismo. En muchas comunidades, la cantidad de judíos existentes en esa organización ha alcanzado niveles epidémicos. Los Haré Krishna son otro ejemplo. A principios de los años 80, la secta de los Haré Krishna era llevada por un cuerpo de diez hombres, de los cuales siete eran “antiguos” judíos. Haré Krishna es una religión al estilo occidental basada en el hinduismo, y pareciera que una cantidad impresionante de judíos está adoptando sus preceptos.

Para colmo, tenemos el síndrome de los matrimonios mixtos que se ha convertido en una verdadera plaga. En Latino América, más de la mitad de los judíos se casa fuera de su fe, y en los Estados Unidos, el porcentaje es similar.

¿Qué ha pasado con el pueblo judío para que se produzca una situación como ésta? ¿O simplemente, por qué debiera una persona detener esa ola de asimilación y mantener fuerte y persistente su consagración como judío? Es decir, ¿por qué debiéramos ser judíos?

En realidad, existen dos tipos de judíos: los judíos de “nacimiento” y los judíos “por elección”. Este último nace judío pero busca ampliar esa realidad biológica a algo más significativo. Al buscar un mayor significado en su identidad judía se convierte en un judío por elección y no sólo de nacimiento. Por lo tanto, el primer paso para seguir siendo judío es transformarse en un judío por elección y dar un cierto significado a nuestra identidad judía.

Muchos judíos intentan encontrar ese significado en la cultura judía y no a través del judaísmo. Después de todo, tenemos una de las culturas más ricas del mundo, nuestra propia tierra (Israel), nuestro propio idioma (el hebreo y en algunos casos el yiddish), y muchas comidas excelentes (guefilte fish, sopa de pollo, etc.).

También tenemos a muchas grandes figuras de las cuales podemos sentirnos orgullosos, partiendo por el gran Abraham, pasando por Moisés, Maimónides, y concluyendo con Einstein y Freud (aunque podríamos no concordar con sus pensamientos).

Sin embargo, si damos un paso en la historia, vemos que la cultura no es suficiente para mantener la identidad judía. Tomemos por ejemplo, la situación siguiente: llega a Chile un brasileño, tres generaciones atrás. En la primera generación, habla portugués y observa todas las costumbres de su país. En la segunda, los niños sólo observan algunas de las tradiciones y el portugués ha sido reemplazado por el español. En la tercera, los nietos podrían incluso ni siquiera saber que son de descendencia brasilera, Es decir, toda huella de la cultura brasilera ha sido borrada en sólo tres generaciones. Sucede lo mismo con aquellos judíos que tratan de justificar su identidad a través de la cultura. En la época griega, los judíos helenizados intentaron conservar la esencia cultural de su identidad judía y fueron completamente absorbidos por la sociedad no judía. Está sucediendo lo mismo en los Estados Unidos con aquellos judíos que basan su identidad en la cultura y, lamentablemente también en Latino América.

IDENTIDAD A TRAVÉS DE LOS VALORES

La cultura no es ciertamente suficiente para justificar y mantener nuestra identidad judía. Sólo cuando nuestro carácter judío representa un conjunto de valores es posible justificar el deseo de querer seguir siendo judío. La cultura es algo superficial que se desmorona con sólo un pequeño golpe, mientras que los valores se arraigan y es mucho más difícil desecharlos. Sólo si poseemos un concepto de moralidad judía podremos profundizar nuestra existencia como judíos. Pero la pregunta es ¿dónde encontrar ese conjunto de valores verdaderamente judíos que sean únicamente nuestros?

Hay, por supuesto, una sola respuesta: la Torá. De hecho, la palabra “judío” en si se originó hace mucho tiempo atrás con el descubrimiento de una nueva religión llamada Judaísmo. Por lo tanto, separar la identidad judía del judaísmo es como dejar una planta sin su raíz. La Torá es la única expresión existente de valores verdaderamente judíos. Todos los demás documentos filosóficos judíos son sólo intentos de algunos pensadores judíos para adaptar o reformar un pensamiento no judío. Kafka, Spinoza y Freud fueron judíos con un discernimiento filosófico brillante, pero quedaron dentro de los límites de la filosofía no judía y de la economía. Sólo nuestra Torá representa un sistema judío de moralidad sin influencia no judía. Por lo tanto, si buscamos un sistema de valores verdaderamente judío, debemos comenzar por examinar la Torá.

El código moral de la Torá ha sido aceptado tantas veces universalmente que ni siquiera sabemos que esos principios tienen su fuente en la Torá. Tomemos, por ejemplo, el concepto de “libertad de elección”. Antes de que se nos entregara la Torá, el hombre no tenía claro este concepto en su mente. Casi todos en el mundo pensaban que el hombre era controlado por las fuerzas del destino o “los dioses”. Es decir, la humanidad creía en la predestinación. Pero después de que la Torá proclamó que el hombre era libre de elegir su propia moralidad, el mundo entero aceptó el principio de la libre elección. Este es el fundamento de todo sistema legal en el mundo actual (es decir, el concepto de culpabilidad individual), probando así la inmensa influencia de la Torá en el pensamiento de la humanidad.

La existencia de D’s es otro de los principios que tiene su origen en la Torá. Antes de que recibiéramos la Torá, no existía ningún otro documento que proporcionara una visión monoteísta de D’s. De hecho, el cristianismo e Islam fueron creados en base a este principio que se nos reveló en la Torá, Hoy en día, más de la mitad del mundo cree en lo existencia de D’s. ¿Quién hubiese pensado que ese concepto proviene de la Torá?

Otros de los conceptos de origen claramente judío es “ama a tu prójimo como a ti mismo”. El mundo no judío ha denominado este principio, “lo Regla de Oro”, y se ha atribuido su mérito, pero en verdad, se originó en nuestra Torá. “Ama a tu prójimo como a ti mismo” es el fundamento de la bondad humana y de los buenos modales, y ha contribuido más que cualquier otro principio filosófico a hacer del mundo en que vivimos un lugar más civilizado.

Lo llegada del Mesías es otro de los conceptos que se nos reveló en la Torá. Todos las religiones del mundo tienen algún tipo de concepto mesiánico y, nuevamente, su fuente es nuestra Torá. Existe un sin número de otros principios morales cuyo origen es la Torá y que ha sido aceptado casi universalmente. Pero pasemos a nuestro punto siguiente.

Vemos entonces que la Torá es un profundo sistema de valores y moralidad, cuya influencia en la humanidad ha sido inmensa. De hecho, no veo ningún otro sistema de valores que haya aportado tantas ideas nuevas al mundo y que haya ganado aceptación casi universal. El Cristianismo y el Islam contienen muy pocos conceptos nuevos, y éstos han sido siempre tema de controversia. La filosofía griega está prácticamente obsoleta, e incluso los liberales ya no toman muy en serio el liberalismo. La Torá es la única que parece haber perdurado para que muchos de sus principios fuesen aún aceptados 3.500 años después.

Es sólo a través de este sistema de valores de la Torá que podemos mantener nuestra identidad judía. Cuando el ser judío representa una forma de vida que se ha mantenido intacta durante 3.500 años, quiere decir que poseemos una fuerza que no se desintegrará jamás. Cuando el ser judío representa un sistema de valores que causa envidia en el mundo, tenemos un fundamento que debemos defender. Cuando tenemos un código moral que grita fuerte “¡justicia!” en un mundo cada vez más corrupto, vale entonces la pena luchar por nuestros principios.

Pero muchos judíos se preguntan hoy en día, “¿por qué ser judíos?”, porque se están alejando cada vez más de nuestros verdaderos valores judíos. Mientras más olvidamos la belleza de nuestra Torá, más grande será el vacío en nuestra identidad. Mientras más cultural sea nuestra identidad judía, más nos parecerá ser una carga. Al ser judíos por cultura, nos convertimos en “judíos de nacimiento” y comenzamos a renunciar al titulo de “judíos por elección”.

El Talmud nos hace la siguiente pregunta, con una connotación fascinante:

“¿Qué es más importante, aprender Torá o hacer buenas acciones?” (Tratado Bavá Kammá).

¡Todos, por supuesto, contestaríamos que poseer buenas acciones es mucho más importante! Sin embargo, el Talmud, como de costumbre, nos contesta lo contrario. El aprendizaje de la Torá es más importante, porque nos motiva a realizar buenas acciones. A todos nos gustaría en verdad dar un mayor significado a nuestra identidad judía y llevar una vida mejor. El estudio de la Torá nos ayuda y da la motivación necesaria para alcanzar esa meta, y nos permite descubrir un conjunto de valores judíos y moralidad único que justifica mil veces nuestra identidad judía.

Tratemos de conocer nuestra maravillosa Torá. Nuestras puertas están siempre abiertas y ofrecemos una educación judía auténtica, basada en los principios de nuestra Torá

La clave de lo supervivencia del pueblo judío es que la gente comience a tener un mayor conocimiento del judaísmo. Una persona no necesita ser religiosa para empezar, y no debe sentirse avergonzada por lo poco que sabe acerca del judaísmo. Lo más importante es tener un corazón sincero y desear perseguir inexorablemente la verdad. Así, encontraremos ciertamente la respuesta al “por qué ser judío,”

Por. Rav Shlomó Wiener
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REFLEXIONADO (VII).El Significado de la Vida

Por los últimos dos mil años, los judíos de la diáspora han tenido muchas oportunidades para expresar su coraje y dar todo por sus creencias judías. Consideren a Natán Sharansky – una persona que estuvo dispuesto a pasar años de tortura física y psicológica por seguir siendo judío.

Los párrafos de la historia judía están llenos de miles de Sharanskys. Ya sea durante la inquisición, las cruzadas, los pogroms y otras persecuciones y expulsiones – los judíos han dado su vida por el judaísmo.

Para la mentalidad occidental “sacrificar la vida por una creencia” suena como una acción por demás drástica! ¿Tiene lógica alguna lo que nuestros antepasados hicieron? ¿De dónde sacaron la fuerza para dar su vida en lugar de aceptar otra religión?

Rabí Akivá y el Shemá

Una de las leyendas que más inspiran en el judaísmo es la de Rabí Akivá. A pesar de que empezó a estudiar el alef-bet (abecedario) a los cuarenta años de edad, fue tal su aplicación en el estudio que se convirtió en el sabio más grande de los tiempos del Talmud.

En el siglo I los romanos trataron de eliminar al judaísmo y decretaron leyes que prohibían el estudio de la Torá. Para defender a nuestro pueblo y nuestra cultura Rabí Akivá reunió a todos sus discípulos y les enseñó Torá.

Los romanos arrestaron a Rabí Akivá y lo ejecutaron brutalmente arrancándole la piel de su cuerpo por medio de peines de acero.

Mientras era torturado, Rabí Akivá alegremente recitaba el Shemá: “Escucha Israel, El Señor es nuestro D-os, el Señor es Uno”.

Sus estudiantes exclamaron: “Rabino, ¿no sólo debemos dar nuestra vida por el honor de D-os, sino que debemos hacerlo con alegría?”.

Contestó Rabí Akivá: “Toda mi vida luché para poder santificar el Nombre de D-os incluso con mi propia vida y ahora que tengo la oportunidad, con felicidad lo hago”.

¿Fue Rabí Akivá un superhombre? ¿Cómo puede ser que esta “oportunidad” le dio tal placer que oscureció por completo la agonía de la muerte?!.

El Verdadero Placer

Un fundamento básico en el judaísmo es que no hay nada que un ser humano pueda hacer por D-os. D-os no tiene necesidades y al mismo tiempo nos da todo: agua, aire, comida, sol. Nos da la Torá como las instrucciones para poder sacarle el mejor provecho a la vida.

En el Shemá Israel, estamos ordenados amar a D-os “bejol nafshejá” – con toda nuestra alma. Tienes que estar dispuesto a sacrificar tu vida antes de negar a D-os.

Si las mitzvot son para nuestro beneficio… ¿cómo es que esto puede ser placentero para nosotros?

Porque nos brinda claridad y compromiso. Si puedes percibir algo tan importante, que estarías dispuesto a sacrificar tu propia vida por ello, entonces tu vida tiene un peso, un propósito y una dirección. Hasta que no sepas por lo que estás dispuesto a morir, no has empezado a vivir.

Los placeres materiales son necesarios aunque no se pueden comparar con placeres mayores como lo son el amor y el significado de la vida. Imagínate que te ofrecen 10 millones de dólares por uno de tus hijos. Después de rechazar la oferta, estarías impresionado del precioso valor de ese niño! Puede ser que siempre hayas sabido su valor en un plano intelectual, pero ahora se convierte en algo real para ti.

Similarmente, cuando has encontrado una causa tan elevada que estarías dispuesto a dar tu vida por ella, cuando realmente vives por ella, lo haces con una fuerza y un placer desmesurado.

Este es el secreto del heroísmo judío. Esta es la razón por la cual tantos judíos a través de la historia han sacrificado sus vidas por aquello en lo que creían. Porque morir por D-os es un placer mayor… que vivir sin Él.

Vive Por Aquello Que Estás Dispuesto a Morir

Una vez conocí a una persona que vivía con este principio.

Zeev vivía en Israel cuando los británicos estaban en el poder. Él era miembro de un movimiento de liberación clandestino judío, cuyo objetivo era echar a los ingleses.

Durante los cuatro años en los que Zeev estuvo en este movimiento, él estaba alejado de su familia y sus amigos – forzado a trabajar como un trabajador interino sin tener la posibilidad de hablar a casa. Cada día caminaba por las calles, prestando mucha atención, porque los ingleses estaban constantemente parando gente y revisándola. Cualquier judío que fuese encontrado cargando un arma sería matado.

Un día, los ingleses hicieron una revisión sorpresa, y Zeev fue arrestado. Se dieron cuenta que era parte del movimiento clandestino judío y lo torturaron para sacarle más nombres. Zeev perdió una pierna por el maltrato.

En 1948, cuando los ingleses se retiraron, Zeev fue liberado. Se casó, construyó un negocio y crió una numerosa familia.

Él cuenta:

“Viendo hacia atrás en mi vida, incuestionablemente el mejor periodo de mi vida fue haber sido miembro de ese movimiento clandestino. Es verdad, la mayoría de esa época fue miserable, pero cada momento me sentía completamente vivo. Estaba viviendo por algo por lo que estaba dispuesto a morir”.

La Vida No es Comodidad

La comodidad es increíble pero no es significativa.

Un tonto es por demás capaz de llevar una vida cómoda. No sufre mucho. Disfruta del helado, insulta a las moscas que se paran en su cabeza, siempre está con una sonrisa… su vida es p-r-e-c-i-o-s-a.

Pero no experimenta nada más allá de su helado. Carece de la capacidad de apreciar placeres más allá del físico – relaciones sociales, significado y espiritualidad.

Vivir solo por placeres materiales y comodidad no es realmente vivir. También necesitamos entender el significado más profundo y existencial de la vida. Tarde o temprano, cada ser humano se enfrentará con la cruda y fría pregunta: “¿De qué se trata la vida?”.

El Propósito en la Vida Judía

Infinidad de grupos darían su vida por diferentes causas. Los iraníes, los iraquíes, los kurdos… la lista no tiene fin. Entonces ¿qué tiene de especial el pueblo judío?

A través de los años, el destino y la misión de los judíos ha sido enseñar el monoteísmo. Los judíos no mueren por ellos, sino por la humanidad. Transmitiendo el mensaje de monoteísmo y amor al prójimo, seguimos siendo una “luz entre las naciones” y por eso preservamos el mensaje de esperanza de una paz mundial.

Este concepto tenía una claridad tal, que le daba a los judíos un placer más grande que cualquier placer material en la tierra. Rabí Akivá entendió esto. Cuando se le pidió dar su vida por D-os, entendió la idea tan claramente, que inclusive experimentó alegría al hacerlo. Sabía que se estaba conectando con algo más precioso que su propia vida.

A pesar de las horribles persecuciones, los judíos siempre hemos apreciado la vida porque siempre entendimos nuestro poder para cambiar al mundo. Sin embargo, enfrentados a la conversión o a la muerte, sabíamos que debíamos luchar o morir para dejar el mensaje judío vivo.
Sin tanta terquedad y adherencia a nuestra fe, el pueblo judío nunca hubiera podido hacer un impacto tan grande en las ideas y valores de la civilización mundial.

Nuestros abuelos entendieron esto y por eso es que todavía hoy somos judíos.

Es por eso que le enseñamos a nuestros hijos a decir el Shemá: “Escucha Israel, El Señor es Nuestro D-os, El Señor es Uno”.

Si quieres vivir, sé sincero. Analiza por lo que estarías dispuesto a morir y después de eso estarás genuinamente vivo.

Shakespeare dijo: “Un cobarde muere muchas veces. Un valiente sólo muere una vez”. Todos vamos a morir. La pregunta es: ¿quieres vivir?

Biografía del autor:

Rav Noaj Weinberg es el fundador y director de Aish HaTorah Internacional. Por más de 40 años con sus programas educacionales ha atraído a cientos de miles de Judíos de vuelta a su herencia.

Que la lectura de este artículo sea un mérito para la pronta y completa recuperación de Rav Israel Noaj ben Hinda

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REFLEXIONADO (VI).El Verdadero Tu

¿Cuál es la raíz de la inmortalidad del alma?

Observa tu mano. ¿Qué es lo que ves?

Una parte de tu cuerpo, una parte hecha de hueso y cubierta de carne y piel. Está lleno de nervios, básculas sanguíneas y conductos linfáticos que corren dentro de ella y la conectan con tu cuerpo, haciéndola parte de ti.

Puedes abrir y cerrar tu mano. Obedece cada mandamiento que tu cabeza le envía. Es tuya — una parte de ti. Pero ¿qué eres? ¿Quién es tu verdadero tu? ¿Qué pasa cuando le dices a tu mano que se abra y se cierre? ¿Cómo es que tu mente la obliga a obedecer estas órdenes?

Ahora apunta tu dedo hacia ti mismo. Si eres una persona promedio, apuntarás tu dedo hacia tu pecho. Crees que el “tu” es tu cuerpo. Pero, ¿es tu cuerpo tu verdadero tu?

No hace mucho tiempo, una persona podía considerar a su cuerpo como una parte integral de si mismo. Tu eras tu cuerpo y tu cuerpo eras tu. Pero esto ya no es el caso. El progreso científico ha cambiado el concepto de la personalidad e identidad humana.

Los transplantes de corazón son ahora una ocurrencia común. No son noticia hoy en día. Una persona puede vivir con el corazón de otra latiendo en su pecho. Si le pidiéramos a esa persona que se señale a si misma ¿acaso señalaría su corazón? ¿Acaso es este corazón transplantado una parte real de ella? ¿Es el corazón que palpita dentro de tu pecho el verdadero tu? ¿O es algo diferente?

Los investigadores están prediciendo que dentro de la siguiente década o dos, transplantes cerebrales probablemente serán posibles. Esto nos obligaría a re evaluar el concepto de la personalidad humana.

Imagínate lo que sería tomar parte de un transplante cerebral. Un hombre puede estar sufriendo una enfermedad incurable en su cuerpo, pero tiene una mente sana. El donador por otro lado, había sufrido un daño cerebral irreparable pero tiene un cuerpo perfectamente sano. El cerebro es removido de la persona enferma y puesto en la sana.

¿Quién es la nueva persona? Tenemos un cerebro con todas sus memorias, cualidades de su personalidad y patrones de comportamiento. Pero tiene un cuerpo totalmente nuevo. El cuerpo viejo podría haber sido uno enfermo, mientras que el nuevo es joven y lleno de energía.

Preguntémosle a este hombre que se señale a si mismo. ¿Acaso señalaría a su cuerpo? ¿Tu verdadero tu es tu cuerpo o tu mente?

(Realmente una pregunta análoga es preguntada en el Talmud. En el caso de un asesinato no resuelto, un sacrificio especial , el Egla Arufa, era traído de la ciudad más cercana al cuerpo. El Talmud hace dos pregunta: ¿Qué tal si la cabeza es encontrada en un lugar y el cuerpo en otro? ¿Y si el cuerpo es equidistante de las dos ciudades, de que parte del cuerpo medimos?

TRANSFERENCIA DE MEMORIA

Un transplante de cerebro levanta suficientes preguntas. ¿Y qué tal un transplante de memoria?

La ciencia de la cibernética ha descubierto muchas similitudes entre las computadoras y el cerebro humano. la tecnología de la computación permite programar un transplante de memoria, tomando toda la información contenida en una computadora y transfiriéndola a otra. Todo lo que pasa de una computadora a la otra es información.

Tratemos de imaginar aquel transplante de memoria. Asumamos que tenemos una persona con una enfermedad incurable donde ni el cerebro ni el cuerpo pueden ser salvados. Clonamos un nuevo cuerpo y un nuevo cerebro para este individuo. Las posibilidades de hacer esto ya han sido discutidas extensamente en la literatura. Este nuevo cuerpo tiene un nuevo cerebro, en blanco, capaz de funcionar, pero sin memorias o patrones de pensamiento. Como un paso final, conseguimos un transplante de memoria, trayendo toda la información de la persona enferma, al cerebro del cuerpo nuevo.

Ahora tenemos una situación fascinante. Si todas las memorias de la persona, patrones de pensamiento y cualidades de la personalidad son transferidas a un nuevo cuerpo y cerebro, esta personalidad literalmente existe en este nuevo cuerpo. Pero nada físico ha sido transferido. Ninguna parte física de si ha sido puesta en este nuevo cuerpo. Todo lo que ha sido puesto en este nuevo cuerpo es información que existía previamente en el cerebro pasado. Sin embargo esta información contiene la suma total de la personalidad de esta persona.

Si esto es verdadero, esto nos ofrece una nueva visión a nuestra pregunta inicial: ¿Quién es el verdadero tu?

El verdadero tu no es tu cuerpo o tu cerebro sino la información contenida en el mismo — tus memorias, tu personalidad y tus patrones de pensamiento.

(Los kabalistas filosóficos escriben que el mundo espiritual es una realidad cuya substancia es información. Es un espacio en donde la información puede interactuar sin estar pegada o dependiente de la materia. Por lo tanto, un ángel, puede interactuar con otro ángel inclusive que no tienen ninguna conexión en el mundo material. Los ángeles también pueden interactuar con objetos materiales. Un mundo espiritual así también sería capaz de interactuar con la información que está en la personalidad humana).

LA MEMORIA DE D-OS

¿Qué pasa cuando una persona muere?

Sabemos que el cuerpo deja de funcionar. El cerebro se hace inerte y la persona física está muerta.

Pero ¿qué le pasa al verdadero tu – a la personalidad humana? ¿Qué le pasa a toda esta información, las memorias, los patrones de pensamiento y las cualidades de la personalidad? Cuando un libro es quemado, su contenido ya no es disponible. Cuando una computadora es destruida la información dentro también es destruida.

¿Acaso pasa lo mismo cuando una persona muere? ¿Acaso la mente y la personalidad se pierden?

Sabemos que D-os es omnipresente. Sabe todo y no se le olvida nada. D-os sabe cada pensamiento y memoria que existe dentro de nuestro cerebro. No existe ni un pedacito de información que se escapa de su Conocimiento.

Entonces ¿qué pasa cuando una persona muere?

D-os no se olvida, y por lo tanto toda esta información sigue existiendo al menos en la memoria de D’os.

( Una alusión a esto la encontramos en la Kabala. El Gan Eden o el Paraíso se dice que existe en la Sefira de Bina — el entendimiento Divino. Esto puede estar relacionado al concepto de memoria. Las almas por otro lado están en la Sefia de Daat — Sabiduría o Conocimiento. Uno puede decir que mientras que vivimos, existimos en el conocimiento de D-os: después de la muerte en Su memoria).

Puede que pensemos que algo que exista solamente en la memoria sería algo estático y efectivamente muerto. Pero la memoria de D-os no es para nada estática. La suma total de la personalidad de un ser humano puede existir en la memoria de D-os pero puede mantener todavía su identidad propia y permanecer en un estado activo.

La suma total de la personalidad humana que existe en la memoria de D-os es lo que vive inclusive después que el hombre muere………

Pero, ¿cómo es la inmortalidad? ¿Qué se siente ser un alma sin cuerpo? ¿Cómo se siente estar en el mundo del alma?

Sabemos que el cerebro humano, por mas maravilloso que sea como órgano, es muy ineficiente como instrumento para pensar.

Henri Bergson ha sugerido que una de las funciones principales del cerebro y del sistema nervioso es eliminar la actividad y la conciencia, en lugar de producirla.

En “Las puertas de la Percepción”, Aldous Huxley cita los comentarios del Profesor. C.D Broa a esto. El dice que cada persona es capaz de recordar todo lo que le ha pasado. Es capaz de percibir todo lo que lo rodea. Sin embargo, si toda esta información se vendría a nuestra mente de una vez, nos sobrepasaría. Entonces la función del cerebro y del sistema nervioso es protegernos y prevenirnos para no ser sobrepasados y confundidos por la vasta cantidad de información que se percibe por nuestros órganos sensoriales. Ellos apagan la mayoría de aquello que percibimos y recordamos. Todo aquello que nos confundiría es eliminado y sólo la selección especial de lo que nos es útil permite quedarse.

Huxley explica que nuestra mente tiene poderes de percepción y concentración que no podemos imaginarnos. Pero nuestra meta principal es sobrevivir a toda costa. Para hacer la supervivencia posible todas las capacidades de nuestra mente deben ser estrechadas al reducir la válvula del cerebro.

Algunos investigadores están estudiando este efecto. Ellos creen que este efecto de reducción-válvula puede ser muy similar al equipo usado para bloquear programas de radio ofensivos. El cerebro produce constantemente un tipo de estática, bajando nuestra percepción y reduciendo nuestra actividad mental.

Esta estática puede ser vista. Cuando cierras tus ojos, ves todo tipo de imágenes flashando por tu mente. Es imposible concentrarte en cualquiera de ellos por más de un instante, y cada imagen es obscurecida por un grupo de otras impuestas sobre ella.

Esta estática puede ser vista cuando tus ojos se abren. Sin embargo, uno usualmente ignora estas imágenes ya que son tan ínfimas comparadas a nuestra percepción visual. Sin embargo, todavía reducen la percepción de uno, tanto del mundo alrededor de él como de si mismo.

Mucho de lo que sabemos de esta estática es resultado de la investigación hecha con drogas que la eliminan. De acuerdo a muchas autoridades, esta es precisamente la forma en la cual funcionan las drogas psicodélicas.

DESNUDOS FRENTE A D-OS

Ahora imagínate la actividad mental de un alma sin cuerpo parada frente a D-os. La válvula reductora se ha ido por completo. La mente está abierta y transparente. Las cosas pueden ser percibidas de una manera que es imposible hacerlo para una mente restringida por un cuerpo y un sistema nervioso.

Las visiones y el entendimiento son la brisa imaginable más agradable ( “los rectos, sentados con sus coronas en su cabeza, disfrutando el brillo de la Shejina – la Presencia Divina”).

Esto es a lo que se refirió Job cuando dijo (19:26) “Y después cuando mi piel esté destruida, después sin mi carne, veré a D-os”.

Pero después, un individuo también se verá a si mismo en una nueva luz. Cada pensamiento y memoria será lúcido, y se verá a si mismo por primera vez sin la estática bloqueando la mayoría de nuestros pensamientos.

Inclusive en nuestro estado mortal físico, viéndose a uno mismo puede ser a veces placentero y en otras ocasiones muy doloroso. Ciertos actos nos hacen orgullosos y nos complacen, y otros causan mucho dolor, especialmente cuando nos cachan.

Imagínate estando parado desnudo frente a D-os, con tu memoria completamente abierta, transparente sin ningún mecanismo de protección o válvula reductora que disminuya esta fuerza. Vas a recordar todo lo que has hecho y lo verás bajo una luz diferente. Lo verás bajo la luz de espíritu sin sombra, o bajo la luz de D-os que alumbra de un extremo de la creación al otro. La memoria de cada buena acción y mitzvá será el placer más sublime como lo dice nuestra tradición sobre el mundo venidero.

Pero tu memoria también estará abierta a todo las cosas de las cuales te avergüenzas. No pueden ser racionalizadas o expulsadas. Te enfrentarás a ti mismo, completamente consciente de las consecuencias de todos tus actos. Todos sabemos la terrible pena y humillación experimentaba cuando se nos cacha haciendo algo malo. Imagínate ser atrapado por la memoria sin lugar a escapar….

Se nos enseña que el juicio de los malvados dura 12 meses. Inclusive el alma desnuda puede aprender gradualmente a vivir con esta pena y olvidarla, y el dolor eventualmente se pierde. Puede ser más que una coincidencia el hecho de que doce meses es el tiempo requerido para que algo sea olvidado en la ley Talmúdica. Por lo tanto, uno hace un duelo por un padre durante doce meses y dice una bendición especial al ver a un amigo que no vio durante este período de tiempo.

(Claro que hay excepciones a esta regla. Están los no creyentes y los peores malhechores recordados en el Talmud. Estos individuos no tienen más que su pena y no tienen escape del tormento continuo).

Pero inclusive el tormento temporal está más allá de nuestra imaginación. Najmánides escribe que todo el sufrimiento de Job no se compara a un instante en Geheinom. Rabbi Najman de Bresolv dice lo mismo de un hombre que sufrió por años de los tormentos más indescriptibles: es mejor que una quemada en el Geheinom. La Tortura mental no se puede comparar a la meramente física.

LO QUE LA MUERTE PIENSA DE NOSOTROS

Hay otra dimensión de la inmortalidad discutida en el Talumd (Brajot 18b). Pregunta: ¿ Acaso saben los muertos lo que pasa en el mundo de los vivos?

Después de una discusión en el Talmud, se concluye que sí tienen esta conciencia. Los filósofos kabalistas explican que el alma logra un grado de unidad con D-os, la fuente de todo el conocimiento y consecuentemente toma parte de Su omnipotencia.

Cuando una persona muere, entra a un nuevo mundo de conciencia. Existe como un alma sin cuerpo y sin embargo esta sabe lo que está pasando en el mundo físico. Gradualmente aprende a enfocarse en cualquier evento físico que quiera. Al principio es una experiencia muy temerosa, sabes que estás muerto. Ves tu cuerpo acostado ahí, con tus amigos y familia llorando por tu pérdida. Se nos enseña que inmediatamente después de la muerte, el alma está en un gran estado de confusión.

¿Cuál es la fuente principal de su atención? ¿Qué es lo que le llama la atención más que cualquier cosa?

Se nos enseña que es el cuerpo. La mayoría de la gente se identifica con su cuerpo, como lo hemos discutido anteriormente. Es muy difícil para un alma romper su hábito de pensamiento y por lo tanto, los primeros días el alma está obsesionada con su cuerpo. Esto está aludido en el versículo “Y su alma duela por él” (Job 14:22).

Esto es especialmente cierto antes de que el cuerpo sea enterrado. El alma se pregunta qué le pasará al cuerpo. Encuentra que es tanto fascinante como temeroso el ver los arreglos del funeral del cuerpo de uno y la preparación para su entierro.

Claro, esta es una de las razones por las cuales el Judaísmo nos enseña que debemos tener un supremo respeto por los restos humanos. Podemos imaginar cuán doloroso es para un alma ver a su cuerpo tirado en el suelo como el cuerpo de un animal. Por lo tanto la Torá lo prohibe.

Esto también está relacionado con la pregunta de las autopsias. Podemos imaginar como un alma se sentiría al ver a su cuerpo acostado en la mesa de autopsia siendo disecado y examinado.

El alma sin cuerpo pasa mucho de su tiempo aprendiendo a mirar la situación. Está ahora viendo sin ojos físicos, usando procesos de los cuales no tenemos el vocabulario para describirlos. Los kabalistas le llaman a este temible proceso Kaf HaKela — es como ser arrojado con una honda de un extremo del mundo al otro. Es aludido en el versículo “El alma de mi amo será atada en el nudo de la vida con el Señor tu D-os, y las almas de tus enemigos las arrojarás, como del hueco de la honda” (Samuel 1 25:29). El alma percibe cosas repentinas por todas partes, y está en un estado total de confusión y desorientación.

Una de las pocas cosas que el alma tiene poca dificultad en enfocarse, es su propio cuerpo. Es un patrón familiar y un tipo de unión parece quedarse. Hasta cierto punto es un refugio de su desorientación.

HABITACION TERRESTRE

El cuerpo se empieza a descomponer pronto después de ser enterrado. El efecto de ver esto debe ser tanto temeroso como doloroso. El Talmud nos enseña, ” Las hormigas son tan dolorosas para el muerto como las agujas en el cuerpo del vivo, como está escrito, ‘su piel sufre por él’ (Job 14:22)”. La mayoría de los comentaristas escriben que esto se refiere a la angustia existencial del alma al ver su habitación terrestre en estado de decadencia.

Los Kabalistas le llaman a esto Jibut Hakever, el castigo de la tumba. Se nos enseña que lo que le pasa al cuerpo en la tumba puede ser una experiencia peor que la del Gehenom.

Esto varia en cada individuo. Cuanto más uno estaba obsesionado con su cuerpo y el mundo material en general, durante su vida, más obsesionado estará con él después de la muerte. Porque para aquella persona que el mundo material era todo, el deterioro de su cuerpo es aun más poderoso.

Por el otro lado, la persona que se ha sumergido en lo espiritual, no le va a importar mucho el destino de su cuerpo. Se encuentra a si mismo como en casa en la realidad espiritual y se podrá olvidar rápidamente de su cuerpo por completo…

Muchos de nosotros creemos que la muerte es una de las experiencias más temerosas. Los Tzadikim por otra parte, la anticipan. Poco antes de su muerte, Rabbi Nachman de Breslov decía, “quiero mucho desvestirme de esta ropa que es mi cuerpo”.

Si realmente creemos y confiamos en un D-os piadoso, entonces la muerte no es temerosa para nosotros…

Reimpreso con permiso de “If you were G’d” (NCSY-OU) Biografía del autor: Rabbi Aryeh Kaplan fue un exponente multifacético y prolífico – entendido tanto en kabalá como en ley Judía, así como en las ciencias naturales (está citado en “who is who in physics”). Sufrió una muerte temprana a los 48 años