ROSH HODESH SIVAN 5770 (14 de Mayo de 2010)

Es el noveno mes del año según el cómputo de los meses desde la creación del mundo (a partir del mes de Tishré), y el tercer mes según el cómputo desde el Éxodo de Egipto (a partir del mes de Nisán).
El nombre Siván es de origen asirio, y presuntamente significa “el tiempo del sol ardiente”.

En el calendario agrícola hebreo, encontrado en las excavaciones arqueológicas de Guézer, el mes de Siván recibe el nombre de “la siega completa”.

El nombre Siván es mencionado en las Escrituras una sola vez, en el Libro de Esther 8:9: “En el mes tercero, que es el mes de Siván”.

Este mes guarda relación con un acontecimiento de gran importancia en la historia del pueblo judío, que ocurriera en la festividad de Shavuot: la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. La festividad de Shavuot es mencionada en las Escrituras con los nombres de “La Fiesta de la Siega” y “La Fiesta de las Primicias”, porque es el día en el cual se ofrendaban las primicias de la siega del trigo en el Templo de Jerusalén: “Y celebrarás la fiesta de Shavuot, de los primeros frutos de la siega del trigo” (Éxodo 34:22); “También en el día de las primicias, cuando traéis la ofrenda de los primeros frutos a H'” (Números 28:26). Otro nombre de esta festividad es Atzéret (“asamblea”), pero no es un nombre bíblico, sino que le fue otorgado por nuestros sabios, de bendita memoria.

La festividad de Shavuot es una de Shalosh Regalim (las tres fiestas de peregrinaje): “Tres veces por año se presentarán todos los varones de tu pueblo ante H’ tu D’s en el lugar que escogiere… en la festividad de Shavuot” (Deuteronomio 16:16).

“Los tres días restrictivos” que caen el 3, 4 y 5 de Siván son aquellos días en los cuales los Hijos de Israel se aprestaron en el desierto antes de los acontecimientos junto al Monte Sinaí (Éxodo 19:16).

Según una de las opiniones expresadas en el Talmud, el 15 de Siván indica el inicio del verano en la Tierra de Israel (Maséjet Babá Metziá 106, b).

El signo del mes de Siván es el de Géminis, en alusión a Moshé y Aharón, gracias a los cuales nos fuera entregada la Torá en este mes.

1 de Siván:
Los Hijos de Israel llegaron al desierto de Sinaí (Éxodo 19).

6 de Siván:
La fiesta de Shavuot, Tiempo de la Entrega de la Torá y Fiesta de las Primicias (en la diáspora esta festividad se celebra también el 7 de Siván).
Fallecimiento del Rey David.

7 de Siván:
Fallecimiento de Rabbí Israel Baal Shem Tov (Ha-Besht), fundador del Movimiento Jasídico.

14 de Siván:
Fue estipulado como día festivo en tiempos de los Asmoneos en conmemoración de la conquista de la Torre de Tzur, que era un énclave hostil en territorio judío en tiempos del dominio griego.

17 de Siván:
El Arca de Nóaj se posó sobre las montañas de Ararat (Génesis 8:4).

Rashí lo interpretó de la siguiente manera: “El séptimo mes es Siván, que es el séptimo a partir de Kislev, en el cual cesaron las lluvias”. De otra manera, no se puede entender cómo se compadece esta cita de las Escrituras con la afirmación de que Siván es el novenos según el cómputo desde la creación del mundo.

21 de Siván:
Ionatán Hurcanus, de la estirpe asmonea, expulsó a la gente de Bet Sheán y Bikata, que causara daño al pueblo judío en tiempos del dominio griego. Esta fecha fue decretada como día festivo.

25 de Siván:
Fueron ejecutados los sabios Rabán Shimón Ben Gamliel, Rabí Ishmael y Rabbí Janiná, el vice sacerdote, víctimas del Imperio Romano.

27 de Siván:
Rabí Janiná Ben Teradión, uno de los diez sabios ejecutados por el Imperio Romano, fue quemado vivo abrazado a un Rollo de la Torá.

La personalidad del mes:

El Rey David, falleció el 6 de Siván

El Rey David Ben Ishaí, de la ciudad de Bet Léjem en Iehudá, fue el segundo rey de Israel y el fundador de la estirpe que lleva su nombre. Reinó a comienzos del siglo X a.e.c. y su persona quedó grabada en la conciencia colectiva judía como símbolo del combatiente que salvó a su pueblo de los enemigos que lo acosaban. Fue un rey admirado que sentó las bases de la monarquía en Israel, construyó Jerusalén y legó al pueblo seguridad y gloria. En las tinieblas de la diáspora, su figura inspiraba la confianza de que “David, el Rey de Israel, vive y perdura”, y que el Mesías salvador habría de provenir de su estirpe.

David puso fin a las guerras de los judíos contra los filisteos y los doblegó, conquistó Jerusalén que estaba en poder de los jebuseos y la convirtió en la capital política y espiritual de Israel. Sión, el nombre del monte-baluarte de Jerusalén, en donde estableció su residencia, se convirtió en símbolo de la unión nacional y religiosa de Israel. Ciertamente, David fue quien transformó a Israel en un bloque político consolidado en una región geográfica definida. No sólo instauró un régimen monárquico y amplió las fronteras, sino que adoptó dos medidas que habrían de tener gran importancia histórica en el futuro:

1) La fusión de todos los bloques de habitantes del país, con su multiplicidad nacional y social (los descendientes de los cananeos, como los jeveos y otros pueblos, y gran parte de los habitantes de los territorios anexados o conquistados en su época), en una sola nación con un gobierno y una cultura claramente definidos.

2) La organización eficiente del gobierno y la administración pública en la nueva entidad nacional. Por primera vez consolidó el ejército judío: además de la infantería ligera, creó también un cuerpo de infantería pesada, según el modelo filisteo, como núcleo de un ejército profesional listo para emprender la acción en cualquier momento, además de un numeroso ejército de reservistas en el que tomaban parte todos los varones aptos para la guerra.
El Rey David es recordado no sólo como estratega y gobernante, sino también como un espíritu refinado, “el dulce salmista de Israel”, tal como lo apodaran las fuentes judías. Además de sus elegías a Shaúl e Iehonatán y a Avner Ben Ner, la tradición le atribuye también la autoría de los Salmos.

El relato del mes:

El Rabino Israel Báal Shem Tov (Ha-Besht), fundador del Movimiento Jasídico, falleció en Medzibezh el 7 de Siván de 5520 (1760)

El Rabino Israel Báal Shem Tov vivía en una casa alquilada y ganaba el sustento con gran modestia. Solía distribuir entre los pobres y en acciones de beneficencia el dinero aportado por sus seguidores y allegados, sin conservar nada para sí.

También solía gastar su dinero en hombres pobres y deshonestos. Cierta vez fue apresada una banda de ladrones, que fueron entregados a las autoridades, sometidos a juicio y condenados a largos períodos de prisión. Sus familias se vieron sumidas en la pobreza y la indigencia, y Báal Shem Tov las ayudó en toso ese lapso. Una vez que los ladrones salieron de la cárcel, ningún judío de Medzibezh quiso darles trabajo, y cuando empezaron a mendigar de puerta en puerta nadie les permitía entrar, por miedo a que volvieran a robar. El Báal Shem Tov tomó conocimiento de esto y nuevamente trató de ayudar a las familias. Cuando sus propios familiares o discípulos manifestaron asombro ante esa actitud, les dijo:

“En momentos difíciles también yo necesito ladrones. Cuando el peso de la ley recae sobre toda la congregación por las acciones deshonestas de algunos, los acusadores triunfan y las puertas de la misericordia se cierran. A cambio de la beneficencia que hago con estas personas deshonestas, los ladrones pueden forzar los candados y abrir esas puertas de par en par ante mí”

Cierta vez entró Rabbí Israel Báal Shem Tov con su único hijo, Rabbí Tzví, que aún era un niño, a la casa de uno de los judíos más ricos de Medzibezh, en la que vieron vajilla de oro y plata y muebles muy refinados. El pequeño Tzví sintió envidia y al salir, su padre le dijo:

“He notado que sentías envidia en la casa de ese judío acaudalado. En la casa de tu padre tienes una vajilla muy sencilla, y nunca habías visto utensilios de oro y plata.

Créeme, hijo, que si tu padre tuviera dinero suficiente como para comprar muebles vistosos y vajilla de lujo, no lo haría, sino que lo repartiría entre los pobres, y donaría el dinero restante al fondo de beneficencia, sin conservar nada para sí”.

Rosh Hodesh Siván. 24 Mayo 2009

Rosh Jodesh Siván es un día propicio para instaurar la paz y la armonía entre los hombres y fijar un pacto de paz y amor entre Israel y su Padre en los Cielos.

Siván es el nombre babilónico que recibe este mes. La Torá se refiere a él como el tercer mes (Exodo 19:1), pues es el tercero contando a partir de Nisán, la cabeza de los meses según la Torá.
En el tercer mes después del Exodo de los Hijos de Israel de la tierra de Egipto, en ese día llegaron al desierto del Sinaí (ibíd). Los Sabios explican: En ese día, en el primero de Siván, acamparon en el desierto del Sinaí, listos para recibir la Torá. En la descripción del acampar de Israel en Sinaí la Torá expresa (ibíd. 19:2): E Israel acampó allí frente al monte, utilizando el verbo en su forma singular: acampó. Los Sabios enseñaron: Aprendemos de aquí que el nivel de unión entre todos ellos era tal que podían ser considerados como un solo hombre con un único corazón. Todas las demás acampadas en el desierto estuvieron caracterizadas por contiendas y riñas. Pese a que pueden existir disputas por causas elevadas, en aras del Cielo, que incluso pueden llegar a tener repercusiones positivas, éste no es el caso cuando se trata del momento de recibir la Torá. Sólo es posible merecerla cuando todo el pueblo de Israel se halla unido por el amor, el compañerismo, la paz y la armonía. Así como el matrimonio sólo puede mantenerse si reinan paz y amor, de igual modo la Torá —el medio de compromiso entre Di-s e Israel— sólo puede recibirse si prevalecen estas condiciones. La Torá es descripta como morashá —herencia— (ver Deuteronomio 33:4). Los Sabios explicaron: “No leas morashá —herencia—, sino meorasá —[tu] prometida—”.

En el tercer mes — Un Sabio de Galilea explicó este versículo frente a Rav Jisdá: “Bendito sea nuestro Di-s, quien nos dio una Torá que consta de tres partes [Torá, Neviím —Profetas— y Ketuvím —Escrituras—], para una nación compuesta de tres grupos [kohaním, leviím e israelím], a través del tercero [Moshé, el tercer hijo de Iojeved], en el tercer día [de `detención’, luego de que el pueblo realizó sus preparativos para el recibimiento de la Torá (ver Exodo 19:11)], en el tercer mes —Siván—” (Talmud Shabat 88a).

Asimismo encontramos otra referencia a Siván como el tercer mes (II Crónicas 15:9-12): Y convocó [el rey Asa] a todos los [judíos, las tribus] de Iehudá y Biniamín, y a quienes habitaban con ellos de [las tribus de] Efráim, Menashé y Shimón… y se reunieron en Jerusalén en el tercer mes… y entraron en el pacto de fidelidad a Di-s, el Señor de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma.

En estos dos casos el tercer mes se refiere a Rosh Jodesh Siván, pues éste es un día propicio para instaurar la paz y la armonía entre los hombres y fijar un pacto de paz y amor entre Israel y su Padre en los Cielos.

LEYES DEL MES DE SIVÁN

Los primeros doce días del mes de Siván gozan de un nivel un tanto más elevado que el resto del mes y se les confiere un cierto grado de santidad. El primer día del mes se celebra como Rosh Jodesh y las leyes que rigen este día son idénticas a las de todos los demás Rosh Jodesh.

Durante los cuatro días que median entre Rosh Jodesh y la festividad de Shavuot —celebrado el sexto día del mes—, Moshé Rabeinu y todo el pueblo de Israel se preparaban para el recibimiento de la Torá. El sexto día del mes [y en la Diáspora también el séptimo] es Shavuot. El día siete de Siván es llamado Iom Tevóaj —día del sacrificio—pues cuando Shavuot acaecía en Shabat era en ese día que se ofrecía la ofrenda de Reiá traída por los peregrinos que ascendían a Jerusalén para la Festividad. Esta no podía ser ofrecida en Shabat mismo ya que era una ofrenda de carácter individual y no comunitaria. Los cinco días entre el 8 y el 12 de Siván estaban reservados para las ofrendas de Reiá de quienes no habían tenido oportunidad de traerlas en su momento estipulado, pues al igual que en Pesaj y Sucot esta ofrenda podía traerse durante un período de siete días. Vemos, pues, que los primeros doce días de este mes gozan de una condición especial.

Es por ello que no se recita Tajanún (súplicas de perdón por pecados) en las oraciones durante este período, ni tampoco plegarias de recordación por los difuntos.

En estos días no se debe ayunar, ni siquiera el ayuno que algunos observan por el yohrtzait —aniversario del fallecimiento— de un padre [o madre]. Sin embargo, aquel que tuvo un mal sueño, o el novio en el día de su boda, pueden ayunar.

Algunos en la Diáspora observan la costumbre de no ayunar ni recitar Tajanún sólo hasta Isrú Jag, el día siguiente a los dos días de Shavuot, es decir, hasta el 8 de Siván.

DÍAS DE RESTRICCIÓN Y ABSTINENCIA

El año en que se entregó la Torá Rosh Jodesh Siván acaeció en domingo [según la opinión de Rabí Iosi, por la cual nos guiamos]. Así, la Torá fue dada en Shabat, el 7 de Siván. La cronología de los acontecimientos fue como sigue:

El domingo, primero de Siván, el pueblo llegó al desierto del Sinaí desde Refidím, acampando frente a la montaña. En ese día no recibió la palabra Divina porque estaba fatigado a causa del viaje.

En el segundo día del mes Moshé dio a los Hijos de Israel —por orden de Di-s— una introducción a la Torá, de modo que supieran lo que Di-s exigiría de ellos cuando aceptaran su yugo. Estas observaciones preliminares comprendían mucho más que el deber de cumplir mitzvot. Les dijo: [Di-s dice] Vosotros habéis visto lo que hice a Egipto, y cómo os alcé sobre alas de águila…; ahora, si escuchareis [bien] Mi voz y guardareis Mi pacto, seréis para Mí una propiedad preciada de entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra. Seréis para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa… (Exodo 19:4-6). La respuesta del pueblo fue la siguiente: Todo el pueblo respondió a la vez, diciendo: “Todo lo que habló Di-s, haremos” (ibíd. 19:8).

En el tercer día Moshé les estableció ciertos límites [mitzvat hagbalá]. Fijó líneas de demarcación alrededor de la montaña, diciéndoles: “Podéis aproximaros hasta este lugar pero no más. Todo el que entre en contacto con la montaña ciertamente morirá” (ibíd. 19:12).

En el cuarto día les ordenó santificarse y abstenerse de relaciones íntimas, y purificar sus cuerpos y vestimentas. Así dijo Di-s a Moshé: Ve al pueblo y prepáralo hoy y mañana… pues en el tercer día Di-s descenderá sobre el Monte Sinaí ante los ojos de todo el pueblo (ibíd. 19:10-11). De modo que la Torá debía haber sido entregada el viernes, 6 de Siván. Sin embargo, Moshé agregó a estos otro día más de santificación y abstinencia por su propia cuenta, transmitiendo al pueblo así: Estad listos para [luego de] tres días (ibíd. 19:15); es decir, debía haber tres días de preparación y en el cuarto Di-s descendería. Di-s aceptó la adición de Moshé y la Shejiná no Se posó sobre el monte hasta Shabat, el 7 de Siván. [Más adelante veremos por qué consideró Moshé necesario agregar otro día por su cuenta].

De esta forma, la entrega de la Torá, que debía tener lugar el 6 de Siván, se realizó en realidad el 7 de Siván. Sin embargo, para la posteridad, esta Festividad fue fijada para el día 6 de Siván, de acuerdo con las instrucciones originales que Di-s había dado a Moshé. Por esta misma razón, el período de restricción —ieméi hagbalá— se conmemora durante tres días, comenzando el 3 de Siván, como en aquel entonces.

En vista de lo anterior, algunos acostumbran suspender las prácticas de duelo que se observan en el Omer durante los tres días anteriores a Shavuot permitiéndose el corte de cabello y la celebración de casamientos. Otros, no obstante, mantienen dichas prácticas [de duelo] hasta luego de la Festividad.

Estos tres días se conocen como los “tres días de restricción” —shloshet ieméi hagbalá—.

En nuestros libros sagrados se menciona que durante los tres días de restricción la persona debe procurar con más ahínco no involucrarse en conversaciones vanas o prohibidas e incrementar su diligencia en el estudio de la Tora.