HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXVII): El feliz zapatero

 ZAPATEROHace muchos anos, vivio en una ciudad de Georgia, un pobre zapatero judio. Trabajaba el judio durante el dia en su humilde oficio durante el dia. Todo el dinero que ganaba en el dia, lo gastaba en comidas y bebidas, que comia junto a su familia por la noche.

El zapatero estuvo siempre contento, viviendo su vida libre de angustias y preocupaciones, D-s le mandaba diariamente lo necesario para su manutencion y la de su familia y nunca se preocupo en ahorrar dinero para el dia siguiente. En esos dias gobernaba Georgia, un rey despota y astuto y los habitantes del pais sufrieron de sus decretos y locuras.

Una noche en la que lo ataco el insomnio, estuvo ocupado en diferentes pensamientos. Uno de estos pensamientos encontrd gracia en los ojos del rey: salir al dia siguiente dizfrazado, como un simple ciudadano y pasear y deambular por la ciudad para ver como viven sus siibditos.

Asi hizo y en horas de la noche sali6 a recorrer las calles de la ciudad y quiso revelar alguna persona o algiin hecho singular.

 Despues de una larga caminata, no encontrd nada particular, un hombre le grita a sus hijos, otro pelea con su mujer, un tercero hace un balance de ganancias y perdidas luego del trabajo de toda la Jornada. Solo de una casa se escuchaban voces de canto y alegria.

 Decidio el rey averiguar, cual era la fuente de la alegria y regocijo, en medio de la semana laboral.

 Golpeó el rey a la puerta y le abrieron, invitindolo a sentarse. No habia alii huespedes o invitados y no habia manjares sobre la mesa. De todos modos la alegria se hacia sentir en la casa.

 Cu£l es tu oficio? — preguntd el rey al dueno de casa.

 — Soy un humilde zapatero — respondid el dueno de casa.Tengo un pequeno negocio en el mercado, a uno le arreglo las botas, a otro le coso los zapatos. De dia trabajo y a la noche me siento y como con mi familia y agradezco a D-s por todo lo que me ha brindado.

Que harias si en forma repentina te cerrarian el negocio? — volvid a preguntar el rey.

— Para que me voy a molestar en semejante pensamiento quien se le ocurriria atentar contra mi pobre negocio? contestó el zapatero.

Se sento un rato el rey en la casa, probo de la comida y la bebida que le sirvieron y se fue.

 Al día siguiente, envió el rey emisarios a todo los puntos del reino ordenando a todos los zapateros que tenían negocios en los mercados, cerrar sus negocios hasta que reciban nueva orden.

No entendieron los ciudadanos que nueva locura había atacado al rey. Los zapateros se desplazaban ociosos, maldiciendo al rey, pero sin atreverse a violar su decreto.

Al anochecer el rey volvió a vestirse de simple ciudadano y volvió a visitar al zapatero.

— ¡Veremos! — pensó — si va a seguir contento.

Entro en la casa y vio al zapatero sentado con su familia comiendo, bebiendo y alegre según su costumbre.

— La paz sea contigo — exclamó el zapatero al ver a su visitante de ayer, siéntate con nosotros. Dijo el rey: veo que hoy todo sigue como anoche, ¿Cómo te arreglaste hoy para conseguir dinero? ¿Acaso violaste el decreto real?

— Maldito sea el rey y borrado sea su nombre — proclamó el zapatero. Por su culpa casi me quedo hoy sin alimentos.

Pero gracias a D -s, salí a las calles de la ciudad y a una persona ayude a llevar agua, a otro lo ayude a cortar leña, al tercero le transporte un cargamento, así junte un poco de dinero y al llegar a mi casa todo sigue como de costumbre, la comida sobre la mesa y la alegría acompaña a toda la familia.

Se sentó el rey un rato, hablo un poco con el dueño de casa y partió.

Al día siguiente, llego un emisario con una orden real que ordenaba al zapatero a presentarse en el palacio. Al llegar el zapatero se le ordeno a ceñir una pesada espada y custodiar el palacio, durante todo el día.

Se paró el pobre zapatero frente al palacio todo el día, sin abandonar su lugar un momento y sin preocuparse por el dinero necesario para mantener a su familia.

Al volver al atardecer a su casa, tomo un pedazo de madera, lo modelo, le dio forma de espada, lo afilo y lo coloco en la vaina en lugar de la espada de acero que recibió del rey.

La espada real se la vendió a su vecino, que comerciaba con objetos de metal, recibiendo una buena suma de dinero a cambio. Con el dinero compro alimentos volvió a su casa a sentarse a comer con su familia una opípara comida. Al llegar le dijo a su familia: vengan a comer, alabemos a D-s y agradezcamos al rey por la suculenta comida que tenemos hoy.

El rey volvió a disfrazarse y visito nuevamente la casa del zapatero, pensando que esta vez no tendría el zapatero dinero para comprar alimentos.

Cuando le abrieron la puerta, pudo comprobar que estaba equivocado, una singular alegría se sentía en el hogar. Apenas lo vieron lo invitaron a sentarse a comer. Con gran regocijo le conto el zapatero que vendió la espada del rey, colocando en su lugar una de madera.

Dirigiéndose a su mujer pidió: trae por favor la espada de madera para mostrársela al visitante. Trajo la mujer la espada y la presento delante del invitados, toda la familia río explosivamente, solo el rey prefirió el silencio.

Al finalizar la cena, volvió el rey a su palacio pensando en qué forma podría vengarse del perspicaz zapatero.

Al día siguiente, llego nuevamente un emisario ordenando al zapatero a volver a custodiar durante el día el palacio del rey. Se paró el zapatero frente al palacio erguido, ciñendo la espada de madera.

El rey estaba sentado sobre su trono y de sus labios se deslizo una sonrisa. Esta vez, pensó, no se salvara el sinvergüenza. Grito el rey: ¡Traidor! infiel! ladrón! estafador!, cien monedas de oro fueron robadas de mi tesoro. Inmediatamente ordeno traer al tesorero real, lo reprimió severamente y ordeno que le sea cortada la cabeza por el guardián de turno.

Trajeron delante del rey al zapatero y el rey le dijo: corta sin demora la cabeza de este hombre, robo de mi tesoro cien monedas de oro.

Gimió y sollozo el tesorero: mi rey, vuelvo a jurar que soy inocente, vuelve a contar las monedas del tesoro y vera Su Excelencia que todo fue un error.

— No escuchare tus viles palabras — gritó el rey volviendo a ordenar: centinela corte le cabeza!

El confundido zapatero, no sabía qué hacer para salvarse de la desgracia. Por el tesorero no debía preocuparse, ya que de todos modos no podría cercenarle la cabeza con una espada de madera, así que toda su preocupación residía en como salvar su propia cabeza de la furia del rey, cuando se descubriera el cambio de las espadas.

Rogo el zapatero al rey: Por favor Su Majestad, perdone a este pobre hombre con su real misericordia, incluso si es cierto que este hombre robo, no osara de aquí en adelante volverlo a hacer.

— No se merece que lo perdone — contestó el rey — eso es lo que le corresponde al hombre que engaña a su rey, así todo el pueblo sabrá el castigo de los estafadores. Ahora corta pronto su cabeza, si no la tuya también va a ser degollada.

Elevo el zapatero sus ojos y exclamó: Padre Celestial, si este hombre es inocente, que se produzca un milagro y se transforme la espada de acero en espada de madera. Cuida mis manos de arrojar sangre inocente y salva de la muerte al tesorero. Al terminar sus palabras desenvaino la espada y los ojos de los presentes se clavaron en la espada, he aquí madera en lugar de acero! y una sonrisa se deslizo de la boca del rey.

— Muy bien! — dijo el rey —, me venciste con tu inteligencia y a pesar que me engañaste, admiro tu astucia y perspicacia.

Le entrego el rey al zapatero un importante regalo y lo envió de regreso a su casa. El zapatero continúo trabajando en su humilde oficio durante el día y sentándose feliz con su familia por las noches.

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